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viernes, 24 de julio de 2015

Perplejidad

“Es que yo no sé lo que estoy viendo; no sé si es como rendirse después de 55 años, o qué. Uno no se mete tanto tiempo diciendo una cosa, armando todo aquello, para de pronto llegar y decir que ahora todo es lo contrario de lo que se decía…”

Es mi suegro, que está perplejo.

Desconcertado, con el asombro simple de un hombre bueno, testigo de sus tiempos y sus ideas -¡Pa´ lo que sea Fidel, pa´ lo que sea!-. Ideas adquiridas, como las de todos -¡Venceremos!-. Ideas cinceladas, a mazazos de doctrina, dogma y mentira. Ideas que eran asideros -¡Somos felices aquí!-, que le (nos) dijeron eran el principio -¡Señores imperialistas, no les tenemos absolutamente ningún miedo!- ; ideas que le (nos) dijeron eran el fin -¡Cuba sí, Yanquis no!-.

Mi suegro no lo dice, pero se siente desamparado -Fidel, Fidel, dinos que otra cosa debemos hacer-. Ha desaparecido de la noche a la mañana, de 17 a 18, el enemigo -al enemigo, ¡ni tantico así!-, y ahora está bien ondear su bandera -donde basta una, ¡la mía!-

Mi suegro no entiende nada.

Mi suegro no entiende qué es lo que ha terminado. O lo que es peor, no se explica qué es lo que ha comenzado.

Yo, que presto atención cuando no estoy ocupado haciendo las cosas importantes, me resisto a explicarle. No seré yo quien trate de borrarle las consignas, porque ni siquiera estoy seguro de haber eliminado las propias.

No puedo, ni quiero convencer a mi suegro, de que todo este asunto se parece a ese cliché de ese esposo y padre, abusador y déspota, que ahora parece buena persona porque decidió, a instancias de su vecino, asomarse la ventana y conversar. Y es que dice el vecino, ese hombre generoso, que la gente hablando se entiende.

La esposa del hombre está sentada en la semioscuridad de la sala; tiene la cara tumefacta, le sangran los labios. Los niños siguen encerrados en sus cuartos; tiemblan, se esperanzan, pero nunca le reclamarán nada al padre. Pero lo importante es hablar con el esposo, ¿sabe, suegro?, decirle que de repente ya no es tan miserable, que es humano aceptarlo como el hijo de puta que es, vamos, porque así es como hacemos las cosas en este lugar y en estos tiempos, porque por algo hay que empezar. Seguro ahora deja de maltratar a la mujer, de abusar de sus hijos, dice el vecino. Todo está bien ahora, dice el vecino. Y se saludan satisfechos.

Así de sencillo.

“Es un símil poco logrado, suegro”, le diría a ese hombre sencillo que, en ésta la postrimería de su vida, me observaría, lleno de dudas, su mente al garete, “pero hay quien piensa que eso es lo correcto. Lo ponen hasta por escrito: le echan canela, lo baten y hacen un flan. “¡Qué rico es todo ahora!”, dicen, y lo firman, y se lo comen. Ahora ya son felices aquí, y allá, ”¡Porque algo comenzó!”, dicen. Contemplad orgullosos al esposo de la mujer triste, asomado a la ventana enrejada, que morir por la Patria es vivir. ¡Qué hermoso¡”

“Dicen entonces, además, que la dictadura ya no es lo que era; toman en cuenta que hasta WiFi hay en las esquinas; que también hay croquetas; que los cubanos ya pueden viajar a donde los acepten -¡Bienvenido a los EEUU, suegro!-; que las golpizas son estadísticamente poco significativas, por no mencionar a los opositores -cuatro gatos financiados, dicen-; que no importa que no haya prensa, mientras que haya papel -¡Saludamos el N congreso de la UPEC!-; que cincuenta y seis años no es nada, que lo que importa es, por ejemplo, “la buena voluntá” -todos los niños del mundo, vamos una rueda a hacer…-; que ya no hay pausa -¡La Revolución avanza a pasos agigantados! -; que el futuro… Eso es. Que lo que importa, suegro, es el futuro -¡El futuro pertenece/por entero al socialismo!- “

Pero eso no va a suceder. Yo no le voy a decir nada de eso a mi suegro.

Mi suegro es un hombre bueno, que se merece otras cosas, no esa odiosa perplejidad que lo agobia, no que yo lo atormente con mis dudas.

Mi suegro es solo un hombre bueno, que no entiende nada.

Ni yo tampoco.

Alec Heny ©

lunes, 20 de julio de 2015

Día de estreno

Tal pareciera que estos izamientos y arriamientos de banderas americanas y cubanas requieren días 20.

Pudieron haber escogido para inaugurar las embajadas el día 21, o el 22 de julio por ejemplo. No el 26, por razones obvias. Así que el 20, hoy, es el día.

Ya era fecha importante el 20 de mayo, ese día fulminado por la rescritura de la Historia en que se enfrascaron los que ganaron su guerrita en el año 1959. La contra a su vez adoptó el 20 de mayo como su día emblemático, para joder, en lo fundamental, pues a pesar de que ese día marca el nacimiento de una República, se sabe que fue ese un parto maltrecho, con una Constitución que hasta reconocía el derecho de intervención de los Estados Unidos en Cuba (Constitución que se aprobó un día 21, por cierto)

Hasta se cuenta que, nada menos que Máximo Gómez, le regaló la bandera cubana que se izó ese día al gobernador norteamericano Leonardo Wood.

No fue ese un buen 20, les dijera si me preguntaran mi opinión.

Sin embargo, todos recalamos en esos días de tanta ambigüedad política: tirios y troyanos, talibanes y gusanos, hombres nuevos y emigrados, todos los cubanos, y lo hacemos a pesar de tener esa otra fecha, tan neutra, unitalla y baja de sal, que es el 10 de octubre. Pero nadie se molesta en celebrar ese día.

No sé si ello se deba a que es la mitad de esos 20 que nos acosan, o simplemente porque es una efeméride anodina, sin fuegos artificiales ni petardos ni barbecues ni tequila. El 10 de octubre es apenas un día feriado: un día aburrido, con discursos amarillentos, viejos apergaminados, militarotes deslucidos, demasiada solemnidad y nada de alegría.

La buena noticia, sin embargo, es que faltan Días por llegar.

Serán muy necesarios, para cuando la última lluvia de una turbonada de una tarde feliz se lleve por fin al tragante los últimos vestigios del castrismo. Con ello se irán esas fechas designadas por los comisarios caribeños para celebrar sus muertos. Después, pues no más jornadas, no más trovadores rasgueando consignas, no más ciudades en 26 ni saludando asambleas de balance: bienvenido será enero, porque es el primer mes del año, y no otro aniversario del inicio de la paleoinvolución.

Pero mientras llegan esos Días nuevos, ahí están esos días 20, de mayo y julio. Y 17 de diciembre, para peregrinar a El Rincón, y para recordar a Obama (porque nadie se acordará del Castro menor, sentado en aquella oficina bunker, en traje militar, sin tricornio y sin bastón, y declamando bravatas)

Pero sobre todo, ahí está ese día en que nos estrenamos como emigrantes y todo cambió; fecha única para cada quien, ese día que nos fuimos a otra vida y dejamos detrás, junto con todo lo demás, todas las fechas prescindibles.

miércoles, 15 de julio de 2015

Hugo en la Habana

Hace apenas dos días alguien me comentaba, entusiasmado, que los chinos pretendían construir no sé si edificios, o campos de golf, u hoteles, o algo así, en Cuba.

No era importante lo que se construiría. Lo importante es quién lo haría. Y así lo hice saber, ¿Por qué entregarle la economía, la infraestructura cubana a extranjeros, en lugar de a cubanos?, intervine en la conversación. ¿Por qué no dejar que el empresariado cubano, nacional o emigrado, haga inversiones y mueva esa maquinaria mohosa e improductiva que es la economía cubana?

Eran un par de preguntas retóricas. Yo lo sabía, y lo sabían mis interlocutores. Todo lo que logré fue encerrar la conversación en un callejón sin salida y que, por lo tanto, se cambiara el tema.

Pero no me molesta seguir haciendo esas preguntas.

El miedo al empresariado cubano es parte de la misma pausa que mantiene inmóvil a todo lo demás. Es el miedo a Internet, a la información, a las libertades de prensa y expresión, a la alternancia política, a perder el poder. Porque mantener el poder, para conservar el cotidiano y aberrante estatus quo de la isleta, es el único fin de la clase desgobernante.

Por otra parte, abrir el país a inversionistas y empresarios cubanos emigrados sería admitir, tácitamente, que los cubanos exitosos viven fuera de Cuba, que tuvieron que abandonar el país para ser tales, y que a pesar de huevos, piedras, mítines de repudio y humillaciones, ahí están, listos para rescatar el país. Para rescatarlo de los mismos que lo hundieron, y que todavía están sentados en el pecho de la nación cubana como una mole antediluviana.

Abrir el país a empresarios cubanos emigrados implica que hay que irse para regresar como vencedores. Y por ello hay reticencia entonces a permitir que los cubanos hagan negocios en Cuba. Claro, a no ser que Usted se llame Hugo Cancio.

Quizás el señor Cancio, como el Cerro, tenga la llave, y tenga además la fórmula para poder invertir en Cuba, para poseer un apartamento en un edificio con vista al Malecón, un portal noticioso en el cual deja deslizar una que otra historia de crítica light impublicable por demás en la prensa nacional, y no perecer en el intento.

Pero no comparte la fórmula el señor Cancio; debe ser compleja esa solución pues, ¿cómo un marielito, empresario exitoso radicado en Miami, probablemente ciudadano americano, regresa a Cuba como Hugo por su casa, y se da la gran vida entre el jet set habanero, e invierte y posee y hace lo que los demás cubanos, empresarios o no, no pueden hacer?

Yo no lo sé.

Pero el señor Cancio deja pistas claras. Dice el señor Cancio que él es admirador de Obama y Fidel Castro; yo lo imagino en aquel año 80 agitando un pañuelito, a manera de despedida, a la imagen del dictador que les pusieron en el Mariel. Te admiro, pero voy echando. Te admiro, y estoy regresando, veinte años después, a lo mosquetero, la cabeza gacha, la billetera abierta, los oídos prestos, vengan proposiciones a cambio de poder ser Hugo en La Habana. Fidel, esta es tu empresa.

¿Será así?

Yo no lo sé.

Pero a pesar de ello yo quisiera que haya uno, dos, tres, muchos Hugos Cancios.

No porque yo me vaya a beneficiar por ello, ni mi familia, que no los necesita. Para decirlo a lo mexicano, me salen sobrando. Es solo mi maltrecho sentido de la justicia y la decencia el que me dice que debería ser así; que la gente cubana, aunque no les interese un cambio, aunque la apatía los mantenga postrados, merece otra vida, y que debe ser ese cambio un cambio gestionado por cubanos.

Es bueno ver entonces que haya cubanos de éxito; me jode la idea de chinos, rusos, mexicanos, españoles o americanos llevándose las piltrafas cubanas.

Por eso siento que mis preguntas siguen entonces siendo válidas. Las que ya hice más arriba, y esta que sigue.

Que por qué Cancio sí, y los otros no.

Yo no lo sé.

Pero lo que sí sé es que detrás de esa excepción debe haber una historia jugosa, que alguien escribirá un día, aunque, obviamente, no en OnCuba.

Alec Heny ©

miércoles, 8 de julio de 2015

La guerra que nunca ha sido

Norberto Fuentes escribe esta pieza, titulada “¿La guerra ha terminado?”, para La Repubblica, publicación otrora radical socialista, ahora de centro izquierda. Escribe entonces el periodista este texto “tailor-made” para la componente izquierdosista de La Repubblica, y se nota.

Es una loa, de nuevo, a su ídolo -y probablemente de sus lectores italianos, tan lejanos del Caribe cotidiano y tan cerca de jineteras y pingueros progresistas- y de paso un gritito nacionalista de paisito tercermundista que, según el autor, ganó la “guerra”, o sea, el diferendo Cuba-Estados Unidos.

Diferendo cuyo mantenimiento y continuidad, dice, “se le debe a la descomunal capacidad de resistencia que Fidel Castro le imprimió a ese proceso”

Yo tengo un par de parientes que están cementados en su ideología de la misma manera que Fuentes lo está a su admiración por Fidel. Mis parientes dicen que Fidel es un genio al que le salieron mal las cosas. Fuentes dice además que Fidel tiene un paquete testicular (sic) voluminoso, y al parecer está fascinado entonces por todas las circunstancias descomunales que encuentra en el ancianillo tiranuelo.

Yo entiendo que al escribir por encargo haya que ceñirse a lo que demanda la publicación y la audiencia. Pero, si yo fuera Fuentes, dejara que el periódico de marras publicara su artículo, en italiano, donde permanecería a salvo de escrutinio; cobraría mi dinero, y a otra cosa, mariposa. Al cabo, todo el mundo tiene que comer.

Pero él lo cuelga en su blog -que yo leo con placer, porque Fuentes escribe muy bien, y a veces dice cosas interesantes- dejando así otra huella de su nostalgia de escriba de la nomenclatura.

En fin, regresando al texto en cuestión: ni Fidel ni Raúl ni Cuba ganaron ninguna guerra porque no había tal cosa. Sólo ha sido un conflicto de baja intensidad -que aun continua, por cierto- que se ha arrastrado por más de medio siglo; mientras, los Estados Unidos han seguido creciendo y evolucionando como nación, y Cuba se ha ido desmoronando y desgañitándose en inútiles tribunas. Si fuera en realidad fin de guerra, pues el vencedor parece más que obvio.

Para concluir mi comentario, pues pienso que si a alguien deben darle gracias los que vean beneficio en esa distención del diferendo, es, Ah, my dear friend, al Presidente Obama, artífice de todo lo que estamos viendo, y no a los ancianos y a su caterva, que todo lo que atinan es a presumir de su sin prisa y a refocilarse en su eterna pausa.

Alec Heny ©

viernes, 3 de julio de 2015

Di por qué, dime Obamita…

Más allá de la euforia por el acercamiento que el Presidente Obama ha decretado y logrado con el desgobierno de Cuba, coronado hace un par de días con el anuncio de la reapertura de embajadas en La Habana y Washington; más allá de estupor y el inmovilismo mental que ha demostrado dicho desgobierno ante la avalancha que ha desatado ese deshielo (para tener una idea sobre la jalea mental de los vejetes, léase la declaración del desgobierno sobre la apertura de las embajadas); más allá de la rabia de los fundamentalistas de cada lado, de la ingenuidad, del optimismo, de la alegría de tantos, pienso que todavía queda una pregunta fundamental por responder:

¿Por qué?

¿Es en realidad Obama esa persona de mente abierta, un conciliador per se, que ha logrado hacer ver a Washington que no vale la pena persistir en el diferendo Cuba-Estados Unidos, y que decidió liberar tensiones así, porque sí, porque así es más bonito, más Nobel de la Paz?

Si ahora ya se sabe que Cuba, a pesar de que todo allí está por hacer o reconstruir, no es en realidad un negocio tan grande como se pensaba, entonces, ¿el motivo no es principalmente económico?

Si el desgobierno cubano ha dejado claro, por escrito, en cada oportunidad, que persiste en la anacrónica y absurda idea de “seguir construyendo un socialismo próspero y sostenible”, si continúa reprimiendo a los opositores, si se niega a dar libertades de información, expresión, reunión, de prensa, a permitir el pluripartidismo, entonces, ¿ya no importan la ideología y las libertades?

Si la retórica del desgobierno sigue anclada en que la raíz de todos sus males son los Estados Unidos, y no desperdicia ocasión para denostar al gobierno y sociedad estadounidense, entonces, ¿tampoco cuenta ya la política?

¿O quiere el gobierno de EEUU evitar a toda costa una cabeza de playa rusa o china a noventa millas de sus costas?

O tal vez el gobierno y las instituciones de EEUU han estado prestando atención a lo que sucede en el Sur de la Florida, a la llegada masiva de inmigrantes cubanos nada o escasamente calificados en su mayoría, que poco tienen para aportar a la dinámica de la economía, la academia o la calidad de la sociedad en general, y quieren frenar ese influjo de potenciales clientes de la seguridad social.

Puede ser incluso que el gobierno americano esté atrapado en su propia legislación y no pueda derogar una ley de ajuste sin antes intentar al menos eliminar los motivos que la sustentan.

O quizás haya una explicación más simple y tenga que ver con que, efectivamente, Cuba y su tragedia nacional es insignificante para la política estadounidense y que resulta más barato y razonable hacer las paces, como se ha hecho con China o Viet Nam, que seguir en un conflicto que ha demostrado no conducir a ninguna parte.

Yo no sé cuál es la respuesta. Pero de algo estoy convencido: el gobierno americano es una entidad pragmática, supra-presidencial y de luz larga, que no hace nada por gusto.

Por tanto, sigo con mi pregunta:

¿Por qué?

Alec Heny ©

lunes, 20 de abril de 2015

Política 3D

Señores y vasallos, nobles y siervos. Entonces, todo era sencillo.

Después, los plebeyos se sublevaron y radicalizaron; levógiros a la izquierda; dextrógiros, a la derecha, y las cosas se complicaron.

Como las células, y la religión, la política se fragmentó; dividió los todos, ramificó lo unido, agrupó facciones, multiplicó mentirosos; los acomodó a todos en dendritas cada vez más complejas, y así la política se convirtió en razón de ser de legiones de periodistas y académicos.

Alguien le llamó entonces espectro a la variedad; el término sin embargo es insuficiente, pues el espectro es apenas bidimensional. Izquierda, derecha, demócrata, republicano, socialista, fascista, son sólo opciones puntuales en un universo de ideologías; la complejidad que ha alcanzado el pensamiento político es tal que tan sólo la tridimensionalidad logra describirla. ¿Evolución? Así parece. ¿Deseable? Por supuesto. ¿Necesario? Totalmente; en la variedad está la supervivencia.

Tal es así, que el retroceso, a señores y vasallos, a dirigentes y dirigidos, la reducción de la riqueza política al monopartidismo -tan aberrante como lo sería el regreso de los vertebrados a la protocélula-, ha condenado a todos los regímenes totalitarios a la extinción temprana; en el mundo 3D de la política contemporánea, los arquetipos de lo obsoleto -el socialismo y el comunismo- ya son dos líneas espectrales que dejaran de brillar a corto plazo; coordenadas x,y,z que no llevarán -ni han llevado- a ningún lugar que valga la pena.

Cuba, a la cabeza de las involuciones, tiene el ridículo discurso que se han inventado los mandarines cubanos para maquillar su fracaso: la engañifa acerca de los “tipos de democracia”, con la apostilla de que -horror- lo que tienen en la isla es una “variante válida”, y no una dictadura sin futuro. Pero es sólo un desvarío -comparable a la astrología y el creacionismo-, antesala de la desaparición de esa singularidad.

Por otra parte, aun en plena democracia, aferrarse a la rígida coordenada que establece una ideología, es perderse la riqueza de la libertad de acción y pensamiento.

Quizás el próximo paso evolutivo sea entonces la prevalencia del pensamiento libre e incluyente; la práctica de la política con sentido común, de lo que se debe hacer, y no las camisas de fuerza de las fidelidades partidistas. 

Sería entonces la era de la política de los no-partidos, la hora de los individuos: el mundo infinito 3D, el de la diversidad total, donde todos tendríamos algo que decir y, con suerte, que alguien nos escuche.

jueves, 16 de abril de 2015

El tirano obvio y el Presidente astuto

Los porqués, y no las consecuencias, en esta nueva etapa de las relaciones Cuba-Estados Unidos, son, como siempre, lo más interesante.

¿Por qué accedió el desgobierno de Cuba a negociar?

En primer lugar, para recuperar sus espías. Quizás, se pudiera decir ´en único lugar´, si no fuera por la necesidad endémica de mecenazgo de la que padece el régimen cubano. La supervivencia del desgobierno, que garantizó durante 30 años la extinta URSS, y cuya responsabilidad heredó la Venezuela de Chávez-Maduro, está en grave riesgo.

Hay que conceder que el generalazgo ha tenido la visión de predecir el declive y pronta desaparición de Maduro y el chavismo (aunque tampoco había que ser un genio para llegar a esa conclusión); el total fracaso de la diplomacia venezolana en Panamá no fue más que otro síntoma -grave- de ese proceso; otra advertencia de que la válvula que controla el flujo de petróleo hacia Cuba puede empezar a cerrarse en cualquier momento, y desatar otra crisis de esas que los dictadores llaman especiales.

Entonces, a pesar del deseo de los castroancianos de que todo permanezca igual, del apoyo aborregado de los adoctrinados, y del apaño vergonzante de miembros y sectores del intelectualismo -dentro y fuera de Cuba-, la era de la bravata y la arenga -aunque resulte difícil de creer, visto el fatigante e insulso alegato del general heredero en Panamá- tiene que dejar paso a un enfoque de renovador pragmatismo, so pena de desaparecer.

El acceso potencial a capital americano, al vigor de su empresariado, inclusive al mercado americano (aunque esta es una posibilidad remota, pues Cuba, fuera de los habanos, no tiene casi nada más que ofrecer a ese mercado), así como el arribo de inversionistas, tecnología, servicios e infraestructura, representarían una imprescindible bocanada de vida para el desarticulado desgobierno cubano.

La generosidad del Presidente Obama les ha venido entonces como anillo al dedo para esos propósitos de desesperada supervivencia.

Pero, ¿es generosidad en estado puro la del presidente americano?

Leía ayer un extenso artículo donde se explicaba con minuciosidad que la principal motivación del gobierno de los Estados Unidos sería una reparación de su deteriorada imagen en América Latina, un acercamiento de casi borrón y cuenta nueva, de joséjosésico ya lo pasado pasado. Bueno, quizás en un mundo en movimiento rectilíneo uniforme, en un sistema aislado, homogéneo, isotrópico y académico, eso sería estrictamente cierto. Pero, como sabemos, este es el mundo real, donde están los Estados Unidos, que son larger than Obama. Y Obama trabaja para los Estados Unidos.

Cuba es el pretexto de turno para que se abran las puertas, y se restablezca la confianza que los Estados Unidos necesitan para reafirmar su hegemonía en el continente y así poder mantener a raya a China y Rusia en la disputa por la influencia global. No hay que asombrarse entonces del apoyo tácito que los republicanos
le están ofreciendo a esas iniciativas presidenciales.

Los países de la América de Ellos, por su parte, están más que dispuestos a optar por su principal socio comercial de siempre, por el líder mundial en todo, en lugar de por unos advenedizos a los que entienden menos aun que a los americanos; aceptan entonces la mano que se tiende, y hacen de la vista gorda de los que salen jodidos: los cubanos.

Cuba es un peón, al que juegan en esta megapartida, y su desgobierno todavía tiene la impudicia de jactarse de su permanencia en el juego. Los cubanos, pues ni siquiera saben que ese juego está en curso, si bien quizás intuyen que su futuro depende totalmente de estos amagos de amistades nuevas.

Obama, el astuto, a nombre de la perdurabilidad de la hegemonía americana, le ha hecho sentir al general y a su islapais que realmente importan; mientras, ha condenado a los cubanos a seguir en su marasmo, eliminando la posibilidad de un cambio, a corto o mediano plazo, por asfixia del régimen.

Y lo pudo hacer así porque los dictadores son predecibles, obvios, fáciles de contentar; todo lo necesitan es permanecer, y eso precisamente es lo que ganó Raúl Castro: tiempo.

miércoles, 15 de abril de 2015

De listas y listas

Como aquel anciano maestro de pueblo que le dijo a Lorca -cuenta Lorca- que la maledicencia corría la voz de que él, el anciano, era maricón; “No le crea a lo que escucha”, dice Lorca que le dijo, “yo no soy maricón. Yo lo fui…”

Algo parecido sucede con Cuba, o sea, su desgobierno. No es terrorista: lo fue.

Según narran Masseti el hijo, y Benigno, el ex combatiente de la Sierra y ex guerrillero en Bolivia, en sendos libros de memorias que recomiendo ampliamente al que quiera informarse acerca de las tropelías del Departamento América en, donde más, la América de ellos, en Cuba se entrenaron guerrilleros de casi todos los países del subcontinente, inclusive del sacrosanto amigo México.

Se exportó -o intentó exportar, que ya se sabe que la exportación no es el fuerte de los cubanos- subversión a Venezuela, Bolivia y Santo Domingo; se enviaban asesores, se coordinaban ayudas y hasta se organizaban secuestros en capitales de Sudamérica para cobrar el rescate y así financiar los movimientos guerrilleros locales.

Cuba fue, y es, refugio para, entre otros, Tupamaros, Etarras, Montoneros, los de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña y guerrilleros colombianos, esos de gatillo alegre y cuantioso alcaloide para comprar armas. Hasta Jonas Savimbi fue entrenado en Cuba, y todavía viven por allá algunos prófugos de la justicia americana.

No puedo, por falta de información, ni pretendo tampoco ser exhaustivo, pero el tema del papel del desgobierno cubano en los violentos movimientos de liberación latinoamericanos estoy seguro que llenaría más de un par de tomos.

Hoy, pues ya se han quedado sin clientes los especialistas cubanos en subversión: todos los países del continente se han acogido a la vía democrática para escoger a sus gobernantes.

Hoy, también, pues los Estados Unidos han sacado a Cuba de la lista de países que fomentan el terrorismo. Así es, el desgobierno cubano, fue, y ya no es. 

O sí es: es represor, antidemocrático, inepto y obsoleto. Pero para eso, por desgracia no hay listas.

miércoles, 8 de abril de 2015

El aullido de la horda

Se escuchan improperios en Panamá.

En el foro de lo que llaman la sociedad civil los lacayos del desgobierno cubano -que para desgracia de nuestra nación, y de ellos mismos, también son cubanos- injurian a todo el que no se parezca a ellos, a cualquiera que no rinda culto a la bota que les pisa la cara, al que no bese la mano que les sobaja la mente como si fuera un firme culo apetitoso -que no lo es; si acaso, es hediondo y ajado-

Es un ingenuo, o un infame, el que diga que la era del palo y la cabilla, de la humillación y el huevazo en la fachada de la casa, de las pintas trazadas con vil chapapote y ortografía de galeote, había terminado. La canallada y la infamia son hereditarias entre los idólatras de los dictadores; separados por décadas, parecen los mismos, uniformes en su alarido, grises de tanta miserable doctrina de clarias dóciles.

No se puede decir ¡regresaron!, entonces, porque nunca se habían ido. Es de nuevo la Embajada del Peru, la Quinta Avenida, el Mariel, el mitín de repudio, la respuesta rápida, el tenebroso contingente Blas Roca y sus obreros paramilitares, mi vecino tuerto por el cabillazo de un anónimo hijo de puta.

“Pin pon fuera, abajo la gusanera””, se escucha en Panamá, para vergüenza de los cubanos que renunciamos a detentar una patria de mierda, a la pleitesía al amo abominable que se ceba en ella.

Presten atención entonces los que, en tibia mansedumbre, creen que les será perdonado alzar la mirada porque aseguran hacerlo en nombre de una “oposición leal”: la mano que intentan acariciar es un puño, aferrado a un garrote; es solo cuestión de oportunidad y tiempo antes que se los descargue en la espalda, vociferando que esa calle, ese país, las voces y los ojos, las letras y los sonidos, todo, cabrones, todo es de ellos, y no lo van a compartir con otros cubanos, gusanos de mierda, aunque sean leales.

El estado de las cosas cubanas es terminal; pero aun impera la hora del palo y la cabilla, de la injuria, del castigo, del no lo permitiremos, que nunca se habían ido.

Prepárense, entonces, que se escuchan improperios en Panamá: ahí está, marcando su territorio, el aullido de la horda de los infames.

miércoles, 25 de marzo de 2015

De la futura "Breve historia de Humanidad de Internet"

"Teníamos las palabras, y entendíamos; después fueron las abreviaturas, y nos preguntábamos cómo era posible que lmao y Lol fueran palabras; entonces, un día, aparecieron rostros de caricatura, para sustituir las emociones, y figuritas animadas de que imitaban poses de humanos, para explicar los sentimientos. 

Fue entonces que los teclados se volvieron obsoletos; se dejó de escribir, de leer, y las personas olvidaron como reir. La siguiente generación nació con menos músculos faciales, sin cuerdas vocales y con solo dos dedos en la mano derecha..."

martes, 17 de marzo de 2015

Atole con el dedo

Dar atole con el dedo es una expresión mexicanísima donde las haya. “No me des atole con el dedo” es equiparable a la cubana “no me andes haciendo el bobo”, o inclusive a la cubanísima “no te creas que yo soy un comemierda”

Leía entonces el artículo, bueno por cierto, titulado “Prensa cubana: jugando con la cadena pero no con el mono”, publicado en La Chiringa de Cuba, y que es de lo más audaz que se puede escribir en Cuba, o mejor dicho, en Internet mientras se vive en Cuba, y pensaba, caramba, ¿cómo es posible preguntarse, en un mismo texto, qué sucede con la prensa cubana, a quién se subordina la prensa, quiénes trazan las políticas informativas en Cuba, y a la vez decir que el desastre del periodismo cubano sucede “A pesar de los apelos de la sociedad y de las críticas del primer secretario del Partido y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros (…)” ?

Me recordó a aquellos que decían –decíamos-, cuando nos abrumaba la enormidad del absurdo cubano, que “Fidel no puede saber que esto está pasando…” Es decir, la culpa estaba, según ellos –nosotros-, repartida entre un enigmático grupo de funcionarios venales que mantenían al benévolo e infalible líder en la total ignorancia de cuán jodida estaba la nación y los cubanos –cuestión que, por cierto, finalmente descubrió no hace mucho el ex diputado a la Asamblea Nacional Silvio Rodríguez-

El caso es entonces que, eufemismos y sarcasmos aparte, y dejando, por favor, de darle vueltas al asunto, se sabe que, en primer lugar, en Cuba no se mueve nada que los dueños del país no permitan moverse y que, en segundo lugar, en Cuba no hay periodistas suicidas, ni periodismo.

Por tanto, ya de acuerdo en que nada ha cambiado, y que el terreno más seguro sigue siendo reportar sobre cosechas y tubérculos, sería buena idea entonces no andar con el dedo untado con atole para darle a otros o, lo que es peor, a sí mismo.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Una cosa que los cubanos pueden hacer para que, por fin, pase algo

Un artículo del señor William M. LeoGrande publicado originalmente en The Huffington Post, y reproducido en OnCuba, se titula “5 cosas que Cuba puede hacer para acelerar la normalización de las relaciones con EEUU”, y trata sobre eso, sobre listar 5 cosas.

No es mala la intención del artículo.

Tampoco son del todo malas las ideas del que lo escribe, aun cuando puedan ser impracticables, o ineficaces, o ambas cosas; pero es, al fin y al cabo, sólo una proposición. Pienso que inclusive pudieran listarse 10, 15, 30 cosas más por hacer, si se tratara sólo de eso. Pero, digo, pero… en fin, veamos:

En primer lugar, no es Cuba la que puede hacer algo; Cuba es un concepto muy general compuesto por partes divorciadas, disfuncionales, y cada una de ellas tiene cosas muy diferentes de las que encargarse.

Es el desgobierno cubano, por ejemplo, es el que tiene que hacer algunas cosas, no muchas, por cierto; ni siquiera creo que lleguen a 5; solo una, quizás. A los cubanos, a los de adentro, les tocaría entonces hacer todas las demás; una sola, probablemente.

Cuba, como nación, como desafortunado trozo de tierra asfixiada, entre otros, por un calor de espanto,, es sólo una víctima, no un actor; es en todo caso un páramo, un escenario en ruinas, que apenas sobrevive a los dirigentes y dirigidos que alberga. Y no se le puede pedir más, a no ser que sea que se hunda en el mar, como le sugiriera el trovador en un momento de revolucionario paroxismo.

Entonces, la primera “cosa por hacer” que sugiere el artículo, es enviar una “amplia y representativa delegación de la sociedad civil (cubana) a la Cumbre de Las Américas”.

Que vayan para allá, dice el autor, de la mano, quizás hasta en el mismo avión, digo yo, tirios, troyanos; que sea aquello una representación de la “robusta sociedad civil” (¿?), que le asegure a los Estados Unidos (¿¿??) que es realmente representativa la supuesta delegación; que no se limite la participación a opositores y a organizaciones paragubernamentales -¿quién más va en ese feliz viaje, entonces, pregunto yo?- y seguidamente, dice el autor, que debe ir también nada menos que el más tibio de los tibios: la Iglesia.

Ya impulsado loma abajo, continúa y dice que el Estado cubano, el más tirano de los tiranos, y la dicha Iglesia, deben convocar a todos los grupos y puntos de vista para que allá vayan en feliz comunión, y no eclesiástica precisamente, a demostrar –al gobierno de los Estados Unidos, dice de manera implícita, hazme tú el favor- no sé qué exactamente.

En fin, ya lo decía: el asunto es que no parecen ser del todo malas las ideas, sino que no parecen ser del todo buenas.

Avanza entonces el artículo, desgranando propuestas, esta vez de que Cuba (otra vez) debe cooperar con la Cruz Roja, con el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, debe ampliar el acceso a internet –y se me ocurre que la disidencia de la conectividad pudiera ir también a la Cumbre de las Américas; al cabo daño no va a hacer, por ejemplo, acusar a la pobre ETECSA de tener los dueños que tiene-, y sigue adelante diciendo que el desgobierno debe facilitar el comercio del sector privado cubano (que no se llama así: se llama cuentapropismo, que en inglés quizás será “the selfisness”… ¿O no?. En fin, eso) con los Estados Unidos. O sea, que el generalato, descendientes y adjuntos deben compartir el pastel del que ahora se sirven con exclusividad y amplia cuchara. Cómo no, ya lo creo.

Culmina entonces la lista de las 5 cosas (debo admitir que esto del número 5 me produce cierta desazón) cerrando todas las posibilidades anteriores, y las futuras que adicionalmente pudieran ser incluidas tal vez en otro artículo, al proponer que Cuba, el desgobierno, los tirios, los troyanos, los tibios y los tiranos, trabajen, cooperen, nada menos que con los Estados Unidos en, go figure, reorientar los programas de democracia.

Vamos, es bienintencionado el señor LeoGrande, pero no sabe que mencionar democracia enfrente de la gerontocracia y sus larvas equivale a cagarse cubanamente en sus putas madres.

Siento entonces que debo acudir en su ayuda, y mostrarle mi propia cuenta, mi simplista y breve lista; me atrevo con toda humildad a sugerirles al autor, y a sus lectores, que consideren por favor mi propuesta:

Se precisa hacer una sola cosa, y es precisamente esa que el autor del artículo dice NO se debe esperar: que el desgobierno aproveche su poder asfixiante, desmantele el sistema político, y adopte la democracia electoral pluripartidista, y no por mejorar relaciones con Estados Unidos, no por un aplauso internacional, sino porque eso es lo que decencia demanda.

Y si así no lo hiciera el desgobierno –y no lo va a hacer-, entonces los cubanos deben hacer esa sola cosa que les corresponde: sacar a patadas por el culo a esa gente del poder.

Sin embargo, me temo, tampoco los cubanos van a llevar a término tamaña hombrada, por lo que sólo les quedaría, para su consuelo, “5 cosas que Cuba puede hacer para acelerar la normalización de las relaciones con EEUU”

Pensándolo mejor, quizás el autor del artículo no es tan ingenuo nada…

viernes, 27 de febrero de 2015

Declaración temprana de (por fin) viernes

Ahora que tiranos y cómplices se llaman "generación histórica", y que sus herederos se llaman "relevo", yo me cago en ellos y en los eufemismos.

sábado, 17 de enero de 2015

El águila y la babosa

La agilidad con que el gobierno del Presidente Obama ha ido desbrozando su tramo a recorrer para normalizar las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, haciendo gala del eficiente pragmatismo norteamericano, ha provocado una fiesta de esperanzas, en su mayor parte, y un aquelarre de odios, por suerte ya casi insignificantes.

Pero sobretodo ha puesto en evidencia, además, el pasmoso inmovilismo del gobierno cubano, el enanismo de sus voceros, y el hecho de que, en realidad, ni Raúl Castro, ni sus aborregados adalides, estaban preparados para ese empellón renovador, ni para la pérdida, fatal para su arenga, de su enemigo y su argumento favoritos.

La presteza con que los Estados Unidos están asumiendo su papel, que cada vez parece más unilateral en esta nueva etapa, ha dejado boqueando a la nomenclatura, que sólo atina a repetir absurdamente que todo esto es una victoria de la revolución, y que, sobre todas las cosas, hay que ir sin prisa, pero sin pausa.

Sin prisa, pero sin pausa. Exactamente con el estilo de una babosa que cruza una autopista en hora pico. Y, tristemente, con las posibles consecuencias que eso conlleva.

viernes, 2 de enero de 2015

El susurro de los corderos

Ya disipados los vapores de las libaciones, las risas de los amigos, y las llenuras de pingües comilonas, y ya aburrido de esperar a que la intelectualidá cubana, la neoizquierda amaestrada, los trabajadores de la información, y sus representantes en el exilio geográfico y el insilio mental, los gays contestatarios exclusivamente para temas gays, los que aún no secan sus lágrimas de emoción por el regreso de los rollizos espías, digo entonces, me he cansado de esperar a que todos ellos, o tan siquiera uno, tuviera la decencia de decir o escribir que la represión a quién piensa diferente no tiene cabida en la Cuba post 17D.

Tania Bruguera así lo creyó, y quiso poner un micrófono en la plaza de la involución para que, libremente, el que quisiera hacerlo, dijera lo que se le antojara. Y ya. Así de simple. Creo que era un minuto, o quince, o algo así, pues no era un discurso de Fidel, sino un performance artístico.

Y en esa Cuba post 17D, donde aún hay quien no quiere prisa y adora la pausa, tan sólo por la intención, Bruguera fue advertida, amenazada, arrestada y, por supuesto, no hubo micrófono. Ni siquiera logró salir de su casa. Lo que sí hubo fue más arrestos: a los disidentes que se proponían llegar hasta la amenazadora tribuna ciudadana, para decir lo que dicen todos los días.

Por otra parte, hubo quien se apresuró a decir que TB es una artista mediocre; que eso de los performances, en lo general y lo particular, no es arte sino una payasada; que si ella es hija de un diplomático; que si vive entre dos aguas; que si el arte per se, o el arte politico, o la artistosidad, que si la ciencia, que si el arte, que si los galgos o los podencos.

En realidad, da igual.

Da igual que TB sea hija de un banquero de bolita de La Lisa, o que viva acá o acullá, o que sea performance o denuncia explícita. Yo, por ejemplo, ni siquiera sabía a derechas quién era ella o qué hacía, y mi apreciación del arte, pues es, digamos, conservadora.

Lo que importa, lo triste, lo realmente valioso, es que su valiente y necesario intento de susurro ha sido un alarido de advertencia, una sonora denuncia, que pone de nuevo en evidencia al represivo y mohoso desgobierno de ese país tan gris; a la practicamente inexistente conciencia ciudadana de los cubanos, sean plebeyos, funcionarios o intelectual(oides)es, y a la urgente necesidad de periodismo comprometido, ético, profesional y kamikase.

Feliz 2015, entonces, a valientes y corderos, y a Tania Bruguera la mejor de las suertes en esa Cuba que se quedó en el 16D.

martes, 23 de diciembre de 2014

Revelación súbita prenavideña con cubo de agua fría incluido

¿Y no parece todo muy pírrico, todas las aperturas, todos los planes, todas las posibilidades, cuando, en realidad, la gente en Cuba no tiene para pagar ni una sola, ¡ni una sola!, de las bondades que el mercado libre tiene para ofrecer?

lunes, 22 de diciembre de 2014

Las caras de la moneda

No sería acertado decir que el Proyecto Cuba Posible, y CAFE, Cuban Americans for Engagement , estén en caras opuestas de una misma moneda.

Cuba Posible, iniciativa cubana, una suerte de think tank, impulsada fundamentalmente por Roberto Veiga, coordinador general de ese proyecto, y el licenciado Lenier González, su vice-coordinador general, y apoyada por un reducido grupo de intelectuales y académicos cubanos.

CAFE, organización esta cuyos miembros son, según su propia definición, “un grupo de cubano-americanos radicados en diferentes estados de la nación norteamericana, que intenta facilitar una nueva dinámica entre EEUU y Cuba"

Veamos:

Ambos grupos dicen abogar por el diálogo y el entendimiento en el conflicto, ya de muy baja intensidad por estas fechas, entre el gobierno de Cuba y el de los Estados Unidos. Y en ese afán, un grupo, Cuba Posible, entreteje en su discurso la intelectualidad, la fé católica, y un nacionalismo a ultranza; el otro grupo, CAFE, declara tener tres objetivos, y los tres son reclamos exclusivamente al gobierno de los Estados Unidos.

Ambas organizaciones, fueron fundadas por personas diferentes, apenas relacionadas entre sí; Cuba Posible radica en Cuba, mientras CAFE opera desde los Estados Unidos; una, con una base de intelectuales de renombre en sus círculos profesionales; la otra, compuesta por un grupo variable, variopinto y semi anónimo; una, que convoca a debate a la intelectualidad cubana; la otra, que cabildea y coquetea entre la Habana y la Oficina de Intereses Cubanos en Washington.

Son entonces dos grupos diferentes que, en realidad, comparten, armoniosamente, un lugar en una misma cara de la proverbial moneda; moneda que ha tenido, en una cara, a partidarios del gobierno cubano, y en la otra a los que se le oponen. Pero que, ya sea en una cara u otra, en ella vamos todos los cubanos.

Cuba Posible se define entonces, en primer lugar - y hay que decir que la definición se alcanza a entender después de abrirse camino a través de una retórica lo suficientemente densa como para llegar casi sofocado al otro lado-, como un espacio para conversar sobre Cuba y algunas de sus particularidades como nación.

En segundo lugar, que es sólo segundo en el orden que aquí se menciona, pues es de facto apostilla imprescindible al primero, este grupo declara de forma implícita que cualquier debate que auspicie Cuba Posible sobre una Cuba posible, aún no necesariamente diferente de la actual, debe ser modulado, en tono y tema, de manera que no moleste al gobierno del General Raúl Castro. Oposición leal, le llaman a esa su doctrina, que a muchos nos suena como lo que diría un esclavo con síndrome de Estocolmo.

CAFE, por su parte, es más explícito y claro en propósito e intenciones: ni siquiera menciona al gobierno cubano en su lista de entuertos a desfacer. Todos los males cubanos, según CAFE, nacen, se reproducen y prosperan fuera de Cuba, en los Estados Unidos, que es, según esta organización, quien debe cambiar, ceder, otorgar y evolucionar.

Cuba Posible es, entonces, el tipo de interlocutor que el gobierno cubano prefiere y tolera: el que lleva un monólogo inofensivo, y no demanda respuestas.

CAFE, por su parte, es simplemente un vocero light de la propaganda gubernamental cubana, con un discurso anti Estados Unidos y pro gobierno cubano, maquillado y entregado como una diatriba conciliatoria.

Así, sin resultados en su gestión que hayan hecho la menor mella en la situación cubana, o en la postura de los Estados Unidos, ambas organizaciones han ido moviéndose al ritmo que ha marcado o que les ha permitido el gobierno cubano. Y así hubieran continuado, sin penas ni glorias, si no fuera porque, para sorpresa de unos y otros, el miércoles 17 de diciembre de 2014, a las 12:01 del mediodía, el Presidente Barack Obama lanzó la moneda al aire.

Y mientras la moneda giraba, enloquecida, en solamente 15 minutos Obama, trazó una raya que marca el antes y el después de Cuba y los Estados Unidos.

Anunció, como plato fuerte, la intención de restablecer relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos. Dió a conocer, además, el intercambio de prisioneros que incluyó la liberación de los últimos tres espías cubanos que permanecían en prisión en EEUU, y que durante 17 largos años fueron tema archirecurrente, omnipresente hasta la náusea, y bandera principal de la retórica antiestadounidense del gobierno cubano, junto con la demanda de la abolición del bloqueo económico y comercial a la isla.

Para cuando Obama terminó su alocución, la guerra fria había perdido uno de sus últimos vestigios, y el mundo de los cubanos ya no era el mismo. Y la moneda dejó de girar en el aire, cayó, dió una última vuelta, y se detuvo.

Y en ella se pudo ver que el drama cubano ha superado ampliamente la bidimensionalidad, y que dos lados son ridículamente insuficientes para contenernos a todos.

También sucedió ese miércoles de Historia que Obama, sin siquiera saberlo, le había dado un empujón a Cuba Posible para que se colocara justo en medio de lo más ardiente del debate nacional. Y que, también sin saberlo, había dejado políticamente desempleado a CAFE.

De la inmediata declaración que publicó Cuba Posible posterior a la electrizante intervención del Presidente Obama, y la aguada arenga de Raúl Castro, pues quiero pensar que ese no es el tono que va a marcar el futuro de ese grupo.

Tan sólo digamos que es notable que comience equiparando “la valentía y la altura política de los presidentes Barak Obama y Raúl Castro”, y que a renglón seguido destaque que hay temas importantes que quedan por discutir, nada menos que “bien sintetizados, con claridad y firmeza, por el general Raúl Castro: la soberanía nacional, los derechos humanos, la democracia y la política internacional”.

A pesar del ya mencionado tono de la declaración de Cuba Posible, de la absurda comparación entre la histórica declaración de Obama y la monserga raulcastrense, y del intencional o no sarcasmo ante una situación donde nada menos que el General Presidente estaría dispuesto a discutir derechos humanos y democracia, esta organización debe ser, puede ser, y ojalá sea, un interlocutor importante, osado y creativo en un posible proceso de transición cubano.

CAFE, por su parte, al momento de redactar este texto quizás no salía aún del estupor, y ni siquiera había publicado una declaración en su página web. Para colmo de sus males, su discurso es, a la fecha, obsoleto en la nueva realidad de la relación bilateral Cuba -EEUU.

Las exigencias de CAFE al gobierno de los Estados Unidos han sido mayormente satisfechas, y hasta superadas, por arte de las iniciativas del Presidente Obama, y el compás de espera ha pasado al terreno del gobierno cubano donde, además, es sabido que la crítica, sobre todo viniendo de un ente extranjero, no es bien recibida.

Sin embargo, a pesar de los pesares, hay enormes oportunidades y espacio suficiente en esta nueva era para un importante protagonismo de ambas organizaciones.

Hay mucho por hacer, por ejemplo, por el civismo, por el sentido común, y por el bien de una sociedad adormilada, cuyo lamentable gobierno, que aún permanece en el martes 16 de Diciembre del 2014, sólo atina a calificar las iniciativas del Presidente Obama de “victoria de nuestro pueblo heroico”

Hay un Golem sentado sobre el pecho de la nación cubana que necesita ser exorcisado. Hay que levantarlo, y definitivamente echarlo a un lado, para que los cubanos en la Isla puedan respirar los aires que recien les llegan.

Tanto Cuba Posible como CAFE pueden convertirse en agentes de cambio, en voces fuertes y claras, y ganar un lugar digno y relevante, si deciden convertirse en ese acicate urgente para el gobierno cubano, en la espuela insistente, en los arquitectos que sepan como echar abajo la anacrónica retórica en que están atrincherados el régimen y sus ideólogos.

Cuba Posible y CAFE pueden, en fin, ayudar a despejar los senderos, y ofrecer visión clara, y hombro firme, a una nación que balbucea futuro y que, de una vez, tiene que enfrentar sus problemas.

Porque los problemas de Cuba y los cubanos están, siempre han estado, dentro del país y no fuera, y solo asumiendo esa realidad y ayudando a los demás a hacerla suya, se puede dar el muy dificil primer paso de una transición por demasiado tiempo ignorada y estigmatizada.

Ubicarse en la cara correcta de la moneda, mirar a la cara al gobierno de Raúl Castro, con serenidad, sin miedos y con buenas ideas, es el reto para estos dos grupos, y para cualquier otro que quiera sumarse y contribuir, con responsabilidad, al aún por comenzar largo y tortuoso viaje cubano hacia el mundo contemporáneo.