jueves, 8 de septiembre de 2011

La partida, de Victor Jara


Esto es parte de mi juventud, de lo que me hizo y me hace estremecer.

Se la escuché por primera vez a un grupillo de música andina que tocaba en un acto político en mi beca y ni siquiera supe que estaba escuchando algo de Victor Jara. La canción me lanzó por una pendiente de frenesí y salí corriendo como un lunático por toda el área de formación, tratando de encontrar a M. para compartir la canción. La vi de lejos, sonriendo embelesada a un tipo con el que yo no podía competir.

Entonces me senté en un quicio y me perdí en el obstinato del charango, en el latido del tambor, en el gemido del tres, sabiendo que M estaba perdida para mí y que esa era una canción para siempre. Todavía lo es.




De lo que se dice

"(...) pero si vuelven a abrir el Mariel, aqui sólo se queda el Narra y el hermano de él..."

Los Aldeanos, "Hermosa Habana"

Preguntas


Bueno, viendo este reality show “Silvio, Pablo y los trapos al sol” hay varias cosas que se me ocurren:

¿Quién es el gran perdedor en este cat fight?

¿Es este un signo de los tiempos, la cagástrofe y y lo sórdido justo antes del derrumbe?

Y escuchando de nuevo a Silvio en “Y nada más”, por culpa de cierta niña que se sienta al borde de una guardarraya, me pregunto:

¿A cuantas niñas habrá tumbado el mísero con su aire de mosquetero famélico, su cachito de voz y el ariete de su poesía?

PD: Por cierto, si alguien necesita un purgante o emético o un tip de cómo ser servil, adulador y lameculo, puede leer los comentarios en el blog de Silvio. Se deshidrata uno...

Un paseo por Manhattan


Ayer nos fuimos a Manhatan a terminar (al fin) unos trámites de nuestra residencia en USA. Y nos fuimos en tren para no fallar en la hora de la cita, pues un viaje a la City en carro puede salir bien... o mal. En fin, llovía, pero no nos arredramos. Caminamos las 3 cuadras hasta la estación de trenes, yo cargando al chama, que estaba disfrutando la lluvia y la novedad, como después disfrutó el tren, el gentío de Penn Station y la locura de la City.

Pero en el juzgado, ¡ay!, alli, donde no se puede hacer ruidos ni sonidos, donde debe haber silencio y respeto, alli descubrí que la formula relativista de la dilatación del tiempo es aplicable, entre otros, a la espera en un juzgado con un niño inquieto e irreverente. Expongo mi hallazgo a continuación:





Donde:

T, es el tiempo que que se percibe
To, es el tiempo real transcurrido
N, es el estado ideal, normal, todo bajo control
X, es el estado de caos, factor que se hace más grande y más grande cuando el chama está a millón, el padre encabronado, la madre al borde de la histeria y no hay nada que se pueda hacer para mejorar la situación.


Nota: Nótese que el estado normal N no puede ser igual al estado de caos X pues se indefine la formula al ser el denominador igual a cero. Es decir, si eso sucede, te fundiste, estás loco de atar.

De tal manera, cuando X es muy pequeño, X/N es muy pequeño y entonces 1-X/N es aproximadamente igual a 1, por tanto el tiempo transcurrido T es igual a To, es decir, todo normal.

Pero si las cosas se empiezan a poner pelúas, X empieza a crecer rápidamente, X/N entonces se comenza a acercar a 1 y por tanto 1-X/N es cada vez más pequeño, por lo que T empieza a dilatarse y a dilatarse...

Y asi me pasó ayer, tuve este momento de lucidez al ver que sólo había pasado media hora y a mí me pareció que había pasado toda la mañana.

Al final, congratulations, no más juzgados, problema resuelto. Y a correr de vuelta a Penn Station a coger el tren de las 11:10... pero nos tocó el taxista pastuso.

Manhattan, que debe ser más pequeña en extensión que el Municipio Plaza, es una ciudad en la que es muy fácil orientarse. Las calles (excepto en el Downtown) son rectas y están orientadas de Sur a Norte y de Este a Oeste. Por tanto, si tú quieres ir pa´l Norte, agarras cualquier calle y, zas!!, vas pál norte. Pero el taxista pastuso cogió para el sur, para después tomar una avenida que está en el extremo oeste para después enredarse en el tráfico, doblar finalmente hacia el norte y dejarnos en el extremo más alejado de la estación de trenes. 

Y se nos fue el tren, tuvimos que esperar otra hora, la formula ya citada se activó de nuevo y nada, que al fin el chama se durmió, cogimos el tren , de regreso en casita y todo normal de nuevo.

Uff....

martes, 6 de septiembre de 2011

De como se desmorona un ídolo



Como me gustaría quedarme con ese Silvio, coño, con ese tipo genial, contestario, grosero, anti-establishment, liberal,  el tipo que cantaba a la izquierda y que yo coreaba, el tipo de "Gaviota", de "Causas y Azares", pero me temo que ya ese hombre no existe. Ahora es un viejo necio, necio como su canción y más: anacrónicamente necio, mohoso.

Y lo que está haciendo en su blog con todo este asunto de Pablo Milanés es despreciable, oportunista, revanchista y una hijaeputada. Evidentemente ya no es Silvio y Pablo, ahora es Silvio o Pablo.

Y yo digo: Pablo.

Cosecha

Si a la bola de viejos del gobierno cubano le da por morirse de pronto, no van a salir del duelo nacional en un año...



Silvio, Pablo, Freddy, los peces y mi hijo


Pues fin de semana de tres días, como debieran ser todos, por acá en el monstruo revuelto. Se celebró el Labor Day, que marca el final de la temporada de verano y con ello ya no hay que pagar para acceder a playas y parques. Cool.

Y después de estos tres días llego orondo a la realidad objetiva y me encuentro que Silvio Rodríguez cada vez se parece más a un matrimonio fracasado: primero fue pasión, después lejanía y ahora decepción. Que horror. Y ademas, el chisme de que Pablo y él están peleados como amiguitos, yo no lo sabía... Cógelo, Guamá!!!

Y como entre col y col, mayonesa, el Google se encargó de recordarme que el Monstruo, el Mejor, el Nom Plus Ultra, su Majestad Freddy Mercury, cumpliría hoy años de vida. Yo nunca había lamentado la muerte de un artista como en el caso de FM, pues le quedaba un mundo por hacer al genio...



Y el lunes nos fuimos al acuario de Nueva York. Multitud, molote, pila´e gente. Negros, asiáticos, judíos ortodoxos, rusos, nuestra etnia... en fin, malanga. Este acuario está en Coney Island, homónimo de las ruinas del parque de diversiones que alguna vez hubo en Miramar. Está, además, al lado de la playa del mismo nombre y junto a Brighton Beach, el enclave de rusos, ucranianos y ex-sovieticos aquí en NY. Lugar pintoresco.





En fin, mi chama lo disfruto, corrió como un loco, le gritó “Foca!!” a dudongos, morsas, castores, leones marinos y, claro, a la foca, comió la comida chatarra que nunca come, y cuando digo chatarra la estoy llevando bien, pues pedimos pizzas, que parecían de cuero en lugar de harina, pollo frito (que a mi hermana le gustó) con unas papitas fritas tiesas y grasosas que mi hijo disfrutó con catsup, fish and chips (el empanizado del pescado estaba bueno) y unos smooties, que son una especie de granizado, que sabían a Tylenol y que mi niño bebió con fruición. Y, como no puede faltar, balance de gastos: Parqueo-13 USD, Entrada 48-USD, comida chatarra-58 USD, mas medio tanque de gasolina, unos 30 USD. La felicidad del chama, no tiene precio, para todo lo demás existe MasterCard...


Ah, y el motivo: ¡¡¡cumplió 3 años el lunes!!!

Y postal de la ínsula:


sábado, 3 de septiembre de 2011

Jesus y los surfistas

Estan por todas partes. Jovenes en tremenda forma física, tostados por sol, muchachas divinas de cabello alborotado. El mercado estaba hoy en la maniana repleto de ellos, los surfistas. Y es que hay un campeonato de surf en mi pueblo y llegaron como 20,000 participantes y turistas. Un millón de dólares para el ganador del evento. Ademas, hay carpas para los conciertos de bandas de rock, stands de comida, pulovers, cosas y pacotilla.

Y mientras yo escogía una bandeja de bistecitos, parado entre una seniora con cara de aburrida y una preciosa surfista triguenia y de piel requetetostada, una empleada del supermercado surtía los estantes. En eso se le acerco otro empleado del supermercado y le dijo que Jesus le había hablado la noche pasada, que le pedia oracion y devoción y hablaban en español, los empleados me refiero, asi que solo yo disfrutaba de la conversación y la mujer le decia amen y yo pensando que el interlocutor de Jesus probablemente le dio un llegue a la yerba magica, que debe estar por todos lados a la luz de este surfing festival que va durar dos semanas… y que ya me empezo a dar dolores de cabeza con el problema del parqueo….

viernes, 2 de septiembre de 2011

Que pequeños se ven...

los perros que le ladran a la Luna llena.

Se ven ridículos, inexplicables, sólo un pobre animal irracional puede hacer algo así, se dice uno. Saltan en el polvo, se desgañitan, la espuma le cubre los hocicos. Mientras, la Luna sigue imperturbable, serena; quizás ni siquiera sabe de los perros o, si lo sabe, da igual, no hay ladrido que le quite luz.

Así, como esos perros, están los escribas del Gobierno cubano, un hato de desconocidos ladrándole nada menos que a Pablo Milanés.

Pobres tipos, triste oficio.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Saltar o no saltar, esa fue la cuestión...

Raros años aquellos. Robertico Robaina era aún Primer Secretario y había introducido un toque fresco en la liturgia de la UJC. Fue también por ese entonces cuando un amigo y colega del trabajo, militante de la UJC y hombre a todo, me dijo en un arranque de sinceridad: “Es que yo no entiendo porqué hay que reprimir al que piense distinto”. Era época de mítines relampagos, arengas y la bobería en pleno. Rectificación de errores, idoneidad, reducción de plantillas y costos, esas eran las frases de moda.

En uno de esos mítines una señora, entonces compañera, y decíase de ella que era esposa de un funcionario de Comercio Exterior o alguna otra codiciada dependencia, y que había sido ella estrella de carnaval o lucero en un remoto pasado, dicha señora pues, más cercana en aquellos momentos a un planeta esferoidal que a una rutilante estrella, era secretaria del sindicato y voz cantante y parlante en cuanta ocasión hubiera.

El momento que recuerdo en cuestión fue uno de esos mítines, cuya cualidad de relámpago los hacían pasables, ya que obligatorios, cuando, según la recién estrenada tradición, después de los ¡Vivas!, alguien, en este caso casi siempre la activa señora, comenzaba a vociferar “¡El que no salte es yanqui!”... y se lanzaba a hacer unos penosos saltitos, con aquellas piernas cortas y regordetas y toda aquella empella temblequeando. Invariablemente terminaba roja como un inmenso tomate y hediendo a sudor con adrenalina.

Entre toda aquella fauna había también un señor, ya sesentón por aquellos tiempos, con un huevo herniado que le abultaba en el pantalón de tal manera que parecía estar incubando un aguacate. El señor por razones obvias no saltaba, pues en caso de saltar la inercia de aquella potra descomunal oscilando debía estar más allá de lo humanamente soportable. Pero, para no ser menos, hacía una brevísima cuclilla, apenas doblando las rodillas y con los brazos pegados a los costados.

Y nosotros... pues, uno al lado del otro, nos juntábamos tres o cuatro, nos pasábamos los brazos por encima de los hombros y saltábamos a lo Maasai, gritándole a la gordita ” ¡¡Dale, L, dale, que el que no salte es yanqui!!. Y ella saltaba y sudaba y se congestionaba y el otro se movía como un muelle de amortiguación, sonriendo.

Y así, y así, hasta el próximo mitin.