jueves, 13 de junio de 2013

Revelaciones

Qué emoción.

Dice Jennifer López que los latinos en USA se están dando cuenta de su poder. "We're realizing our power. We're realizing that we matter here. You know, we're not just, you know, the guys working behind the scenes in the kitchens and as a plumber."

Y que por eso ella está “lobbying for greater diversity in TV programming”

Es decir, que pronto los latinos serán promovidos a meseros, habrá electricistas de Centroamérica y se verá a Brad Pitt en las telenovelas mexicanas.

¿O entendí mal?


Sin perder la cordura...


Y yo, que ya tuve mi dosis de prohibiciones por lo que me queda de vida, y que a la vez creo que los saggy pants son uno de los pináculos de la falta de swing y la cheada, me pregunto, ¿prohibir una forma de vestir a las personas, aquí, en the land of the free y el home of the brave?

¿O será que están de vuelta los peregrinos del Mayflower y no me enteré?

Y he ahí que estoy entre dos aguas, entre el rechazo que me provoca esa indumentaria y el que me provoca la limitación de las libertades individuales.

Pero, en cualquier caso, nunca se debe dejar a un lado la selectividad, porque hay prohibiciones que vaya, no sé, no sé, hay cosas que rebasan cualquier enmienda a la Constitución...



Domingo social

El domingo estuve en una fiestecilla vespertina, en un enorme patio a la sombra de inmensos robles, donde encontré mucha gente agradable, y a una señora que hablaba sin parar.

Saltaba ella indetenible, parloteando con el abominable dejo que usan algunos hispanoparlantes que creen que hablan inglés, de un tema a otro, desgranando lugares, sucesos, soluciones, sentencias, opiniones y descalificaciones. Y yo, que a veces prefiero escuchar, y siguiendo las convenciones sociales más elementales, varias veces traté de decir algo, pero la señora sencillamente no dejaba poner una.

De repente me percaté de que me sentía agobiado y, para mi sorpresa, la sensación resultó ser muy familiar. Y entonces tuve una revelación:

Una persona que habla mierda sin parar es como la televisión.

Y, discretamente, apagué a la señora, me levanté de mi cómoda tumbona, y me fui a escuchar a unos señores, que hablaban sin parar de cualquier cosa...

miércoles, 12 de junio de 2013

Elaine Díaz y el llamado a la inmolación

Una periodista del NYT ha publicado una entrevista que le realizó a la periodista cubana Elaine Díaz.

Y, de nuevo, alguien que padece de monocromatismo.

Elaine Díaz es una periodista talentosa que tiene el privilegio de poder escribir en las redes sociales y compartir sus ideas. Y lo hace de la manera más contestataria que se puede ser en Cuba sin ser defenestrado. Y eso, yo digo, es inteligente, y ya es bastante, aunque obviamente no sea suficiente.

La periodista del NYT destaca que Elaine Díaz es oficialista, y que prefiere decir “cambiar para crear lo nuevo” y no “derribar el sistema y crear otro”. Se desespera obviamente ante el eufemismo, o queda perpleja porque Elaine habla de lo difícil que sería decir que Fidel Castro es un hijo de puta ególatra y mesiánico que ha descojonado la nación, la sociedad, la economía y la cubanía, aunque quizá ella lo dijera en términos que fueran publicables en el NYT.

Yo digo que Elaine Díaz es valiente, está caminado la cuerda floja, y está haciendo mucho más que otros en Cuba, y fuera de ella.

El problema quizá resida en que los términos medios sólo son buenos en los filetes.

Sin embargo, hay que respetar las opiniones ajenas, en primerísimo lugar, aunque a uno le parezcan insuficientes o equivocadas: esa es la libertad de pensamiento y expresión de la que los cubanos carecemos y que añoramos. Tan válidas son las declaraciones de ED, como las de la periodista del NYT, o las de Yoani Sánchez.

Y finalmente, nadie tiene derecho de exigirle a otro la inmolación. La necesidad de sobrevivir el día de hoy para luchar el de mañana es elemental, y todos, todos, lo hacemos de esa manera.

Le deseo toda la suerte a Elaine Díaz, y ojalá que mantenga su presencia en las redes sociales, soplo de frescura que se agradece.

Get real, people...

He aquí que uno de los problemas que mucha gente tiene es que toman lo que alguien dijo o escribió hace 200 años, 300 años, o un par de milenios, y lo quieren aplicar literalmente al presente. Por eso religiosos de todas tendencias, marxistas, martianos y otras bestias están como están.

Y he aquí un contraste entre el sentido común aplicado a la realidad contemporánea, y una idea buena, grandilocuente, romántica... y que tiene 200 años.


lunes, 10 de junio de 2013

De los límites

¿Hasta donde sería capaz de llegar yo para proteger la vida de mis hijos?

No lo sé a ciencia cierta, porque los escenarios pueden ser tantos que no los puedo imaginar todos. Pero tampoco se me ocurre algo que yo no haría para preservar la integridad personal o las vidas de mis hijos.

Dicho esto, debo decir que, si se trata de detectar o evitar posibles ataques terroristas, apoyo totalmente asuntos como el monitoreo de llamadas telefónicas, el correo electrónico, la mensajería, las postales de navidad. También apruebo la tortura a terroristas, o a presuntos terroristas, asi como los ataques comandos, el asesinato de líderes de grupos terroristas, el bombardeo, la masacre, y el exterminio.

No me interesa que, para cumplir con ese objetivo supremo que es ver a mis hijos sanos y salvos, se viole la ética, el humanismo, las libertades individuales, los tratados internacionales, soberanías, pactos, lugares sagrados, festividades religiosas, bodas o cumpleaños. Lo único que me interesa es proteger a los míos.

Pienso que con eso soy consecuente con el sentido común, y con el mandato atávico y fundamental que llevamos en los genes, que dicta proteger la especie por encima de todo.

Claro, que si alguien encuentra la forma de terminar la guerra que hay y de evitar, además, la que viene, donde el enemigo ya no está hermosamente localizado e identificado (como extraño la guerra fria, cojones...) sino que ahora está en cualquier país, en cualquier lugar, inclusive sentado a tu lado en un restaurant o colocando una bomba junto al parque donde paseas con tu familia, repito, si alguien encuentra la forma de reunir a todos esos hijos de puta en un lugar remoto y desierto, detonar un artefacto nuclear y salir de ellos de una vez, (aunque no por todas, porque, queridos, eso llegó para quedarse...) quizá entonces podamos renunciar a todas esas medidas que escandalizan a los mismos que se horrorizan al ver gente inocente voladas en pedazos por sicópatas islámicos.



Y claro, si aún bajo las actuales circunstancias todavía quedara alguien atormentado por la violación de sus libertades individuales, o la humanidad de las cosas o eso, pues siempre le quedará la opción de ir a Afganistán, Yemen o Somalia, o próximamente a Siria, a explicar sus razones.

viernes, 7 de junio de 2013

Ajustando la perspectiva

A mediados de los 90, en México, conocí a una mujer que se declaraba sesentera, admiradora de Robertico Robaina, ex-fumadora de marihuana y con debilidad por ciertos productos cubanos. Entre ellos, Silvio Rodríguez.

Ella era una mujer triste.

Su colección de música era sumamente ecléctica, e iba desde Los Folkloristas hasta los Doors, pasando por Pablo, Silvio, Sabina, Serrat y Aute. Tuvimos algunas jam sessions, escuchando a toda esa gente, y a muchos más, de México, Suramérica, de donde quisieran venir. A petición mía excluímos solamente a Aute, que creo que tiene un par de canciones conocidas, y ninguna me gusta, una suerte de Vicente Feliú español diría yo. Pero las sesiones resultaron en que mis gustos por la música trova, tradicional y “alternativa”se ampliaron considerablemente.

Estaba yo por entonces en esa etapa del emigrante donde las cosas que toda mi vida había ignorado, concientemente, en mi país, ahora me resultaban cercanas y hasta queridas. Buena Vista Social Club y toda la música que antes relacionaba a Palmas y Cañas, los frijoles negros, y una banderita cubana colgada en el retrovisor del carro, ahora resultaban imprescindibles en mi día a día.

Así, pasaron años, amigos y yo, por múltiples cafés y antros donde tocaban bandas y trovadores, en vivo, y siempre Silvio, o Pablo, o cualquiera de ellos. México los ha cuidado, y aun los escucha como si fueran los mismos de siempre. Y yo, que sólo miraba hacia adelante, pensaba entonces que eran algo así como un legado impercedero, como la amistad cubano-soviética. Y todo parecía siempre por siempre así, sólo así, y nada más.

Un día en mi oficina una alumna escuchó “El Breve espacio en que no estás” y me dijo que qué bonita esa canción de Mijares. Después un sobrino me dijo que no tenía la menor idea de quién eran los Beegees. Más tarde mis hijas se decantaron por Sabina, Buena Fé y X Alfonso. Y de pronto, en alguna parte, a mi música la comenzaron a llamar “los clásicos de siempre”

Al día siguiente Pablo y Silvio se habían convertido en dos ancianos. Uno, que se arrepiente y flagela por pura decepción; otro, que traicionó a todos los jovenes contestatarios que fuimos, somos y serán, y ahora es un viejo de mierda con una mano tatuada.

Y a mí su música ya no me suena igual, qué terrible. El corazón que parió la Era ya tiene taquicardias, y el breve espacio está ocupado ahora por las ruinas de lo que fue mi Habana.

De todo ese olvido me quedan algunas canciones de Carlos Varela y Frank Delgado. El resto, pues anda por algun rincón del Ipod, por si alguien alguna vez lo quiere escuchar.

Mientras tanto, en el 2013, en Estados Unidos de América, me declaro entonces sesentero, setentero y contemporáneo, admirador de algunas cosas, y ninguna tiene que ver con Robertico Robaina. Nunca he fumado marihuana y tengo debilidad por ciertos productos cubanos. Entre ellos, no está Silvio Rodríguez.

El Castro de Schrödinger

Erwin Schrödinger en estos días no necesitaría un gato, sólo un Castro. Y el resultado de su experimento de lógica sería el mismo: está vivo y muerto a la vez.


Menos mal.

Ya no le dan chance a los negros ni en la cárcel...

Segun este artículo de Fernando Ravsberg:

"(en Cuba) En las granjas de trabajo hay tantos corruptos presos que uno de los jefes del sistema penitenciario me aseguró que está cambiando el componente racial de los internos, con la llegada de estos dirigentes empresariales o políticos, mayoritariamente blancos"

martes, 4 de junio de 2013

Colores y tibores

Respetar los gustos y preferencias de cada cuál es lo que hace, en primer lugar, que el mercado sea tan diverso. Cosa buena para el capital, claro que sí.

Y casualmente, hoy en la mañana, comentaba sobre algo parecido con mi esposa, sobre la maravilla de las redes sociales y los fantásticos artilugios que poseemos, esos Iphones, Ipads y demás. Y sobre la masiva cantidad de bobería para la que son usadas tanto las redes como los artilugios.

¿Y qué?, me dice mi sabia esposa, si eso es lo que las personas prefieren, lo que los hace felices y lo que están dispuestos a pagar por hacer, pues adelante. Y tiene ella, por supuesto, toda la razón del mundo.

Casualmente también hoy leía un post que colgó Enrisco donde, de un plumazo, (o teclazo), colocó a Silvio Rodríguez, a su obra, y a sus seguidores, en el palco del mal gusto y lo cursi.

No le gusta a Enrisco Silvio Rodríguez, y he ahí un gusto y una preferencia a respetar. Pero hay un trecho largo entre decir “no me gusta” y decir ”los que gustan de lo que no me gusta son unos cheos”

Silvio Rodríguez es un tipo desagradable. Lo fue siempre, con toda esa arrogancia y altivez que casi es su marca de fábrica. Y por eso nunca estuve interesado en verlo, o en escucharlo hablar, pero sí en su música y sus textos, excelentes ambos en su mayoría. Crecí con eso, soñé con eso, y hay mucho que pudiera decir sobre ello, pero es realmente demasiado.

Hace tiempo, sin embargo, que ya no escucho a Silvio. Y no tiene que ver eso con que Silvio sea aun más desagradable en estos tiempos, o con que se haya convertido en el anti-Silvio, con que ya no sea el tipo que decía cosas diferentes y que parecían contestatarias, con que ya no sea, ni remotamente, el juglar que parecía siempre estar un paso adelante de la lobreguez de la cosa cotidiana en Cuba, con que ahora sólo sea un viejo abominable que parece calco de otros viejos, de los Castros y su gente.

Tiene que ver, solamente, con mis gustos y preferencias, las que disfruto en estos tiempos. Y no creo que ahora yo sea más o menos cursi de lo que alguna vez haya podido ser.

Pero aprovecho y dejo esta cosa simple por aquí, por si acaso.

Un día, junto al mar,
la más triste canción
oyó llorar a un alma su dolor,
y a por el alma fue
vibrando la tonada,
conmovida y gentil,
maravillada.

¿Qué pena lloras tú
-le dijo la canción-
que me has trocado en gracia el corazón?

¿De qué me sirve a mí
-le respondió un sollozo-
la virtud, si no tengo un canto hermoso?

Sospecho que hoy empiezo a ser canción.
Y tengo la impresión
de que seré tu sol
si logro ser tu canto.
Sospecho que hoy empiezo a ser canción,
si seco un llanto.

Un día, junto al mar,
un alma oyó su voz
y una tonada hallaba su razón.
Fue el día en que ocurrió
la verdad hechizada:
la melodía y el alma enamoradas.

El alma con canción
iluminó su hogar,
y la canción con alma echó a volar.
Desde entonces las dos
vivieron más despacio,
a pesar de su tiempo y de su espacio.