lunes, 29 de septiembre de 2014

Matemática contemporanea

Observo que la importancia de la falta de democracia y de la represión a los que la reclaman, si se divide entre el producto interno bruto, tiende a cero.

Vincent Yu/AP

lunes, 22 de septiembre de 2014

Segunda revelación lunática

Los ambientalistas, los capitalistas, el Tea Party, los demócratas, los de la izquierda boba, los de la derecha tonta, todos hacen falta para que el mundo funcione.

Y el día que uno falte, nos va a ir peor.

Revelación lunática

Leer es una actividad cuyos beneficios están terriblemente sobrestimados.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Morirse en La Habana

“El viejo se murió entre contradicciones, ¿tú sabes? En un cuarto de hospital, decente para las circunstancias, con los medicamentos que Uds. nos mandaron, y los antibióticos de última generación que le administraron aquí.

Al hospital vino mucha gente a verlo; ex-alumnos, amigos, amigos de la familia. No les importó que estuviera inconsciente, demente: simplemente vinieron, conversaron con nosotros, nos confortaron.

Entonces se muere el viejo, y nos dicen en la funeraria que le tocan solamente tres coronas de flores, porque no hay suficientes flores, en este trópico de porquería. Nosotros, pues ya sabes, tres hijos, mamá, y los nietos. Ni a corona por cabeza.

Llamé a gente, di carreras por toda la Habana, y por fin resolvimos el problema. Nos costó una buena cantidad en dólares, claro, pero al menos el viejo tuvo cuatro coronas…”

viernes, 19 de septiembre de 2014

Problema de café mezclado

Mi post anterior, "Problema Nostrum", fue compartido por cafe en Facebook, acompañado de la siguiente introducción:

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"Este post (Problema Nostrum) expresa la frustración de un sector contrario a la reconciliación nacional cubana, rechazando a una emigración que fue al concierto de Buena Fe porque niega que el camino sea resentimiento y la bronca.

Respetamos su criterio y dolor ante el éxito del concierto que tanto disfrutamos en el Miami Dade Auditorium. Ojala reflexionen y rectifiquen y ya sea en Carnegie Hall con Silvio Rodríguez o en Lincoln Center con Chucho Valdez, o en Miami con Pablo Milanés, los Van Van o Buena Fe, o en Cuba con Pancho Céspedes se sumen a disfrutar del arte por encima de las ideologías.
Debemos a nuestros hijos un ejemplo de civilidad y madurez, sin vigilantismos macartistas ni acusaciones sin fundamentos. Comencemos por practicar donde quiera que estemos la democracia que deseamos, la tolerancia y el dialogo que debería existir en todo lugar donde vivan los cubanos, empezando por Cuba, de cuyo pueblo y nación, a diferencia de lo dicho en este triste post, nunca renegaremos."


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He decidido responder, y lo hago a continuación:

Responder a esta opinión, que ha escrito alguien de cafe, de manera que no sea un declaración de principios, es difícil. Pero no imposible, claro. Sin embargo, ¿por qué no?, me sirve para decir que soy y que no soy. Que a nadie interesa particularmente esto, es cierto, pero tampoco a mi me interesa que no interese así que, en teoría, estamos a manos el que suscribe y el que lee.

No soy un sector. No soy una organización. No soy grupúsculo. Todo lo que pienso y escribo lo hago a título estrictamente personal y no espero que nadie esté de acuerdo. No estoy afiliado a nadie, ni a nada, ni a los que se desgañitan fuera del teatro, ni a los que se babean dentro. No escribo para agradar a nadie, ni vivo de lo que escribo, lo cual me permite escribir, en esencia, con total libertad.

Y honestidad, claro. Y en esa guisa pues debo decir que, efectivamente, no creo en la reconciliación, ni en el estrechamiento de lazos, ni en el intercambio cultural, ni en el diálogo servil.

A cambio, creo en otras pocas cosas.

Una de ellas es que, desaparecida la dictadura cubana, sale sobrando todo lo anterior. Y de la misma manera que no tengo un sólo motivo para querer coexistir con esa aberración histórica que ha destruido a mi país, tampoco tengo motivo para creer en cafe, ni en lo que dice, ni en lo que hace, ni en los neo voceros de la dictadura, esas publicaciones de boca floja, verbo ligero y pluma lacaya.

También creo en la importancia de las miserias humanas. Las que arrastraron a 2 millones de cubanos al exilio, por ejemplo, o las que atenazan a los que viven en Cuba. O las que traen a buenafé y otros tantos en busca del dinero necesario para poder comer, y en las que hacen que haya gente que no entienda las razones y necesidades de esos infelices.

O las que hacen de los cubanos lo que somos. De eso se trata, entre otros, el problema nostrum.

Que eso, además, te parezca triste, cafe, habla en tu favor. Cultiva entonces esa tristeza, que es una tristeza buena, digna, propia de los que realmente penamos por Cuba y sus cubanos.

Y no escribas más panfletos, que se me quitan las ganas de responder.

Problema nostrum

El problema, obviamente, no es buenafé.

Buenafé es sólo un duo mediocre que canta canciones empalagosas con música fácil y letras seudopoéticas que han calado en buena parte de la juventud cubana, su único público, y cuya alternativa es el regetón.

El problema es el haber crecido con la idea de que es romántico e inspirador ir a escuchar conciertos donde decir que la cosa está mala es un acto de suprema rebeldía, a la vez que una pancarta con la imágen del Ché ondea en el escenario.

El problema es emigrar por hambre, lo cuál es entendible, pero no adecentar la mente, lo cual es inadmisible.

El problema es el mal gusto, la nostalgia, los buenos recuerdos, la indiferencia, la indecencia, la doctrina, el hombre nuevo, el yo no me meto en política, pero mejor vivo en los Estados Unidos.

El problema está en invocar enmiendas y libertades, que son el fundamento de este gran país, para camuflar que dos tipos, o tres o cuatro, vengan a hacer dinero a costa de la nostalgia. Libertades que, por supuesto, no les pertenecen.

Y claro, el problema es la indecencia (¿ya lo había mencionado?) de quién lucra con todo eso, aunque en última instancia, ese es el capitalismo: vender lo que la gente compra.

El problema también es, por supuesto, la quinta columna: los que apañan, edulcoran, maquillan, comulgan, los que siendo lacayos se venden como reformistas, los que aprendieron a redactar con gran vuelo para narrar la infamia como si fuera cosa inteligente, los que hablan de fomentar lazos cuando se trata de cobrar en dólares, los que desde los magnánimos Estados Unidos hacen un reportaje en vivo de un concierto mediocre, porque Cuba sí, yanquis no.

Y el problema es la nación. Fragmentada, sin líderes, sin valores, sin un día patrio, ajena a sí misma, con la sociedad y la economía en harapos, sin incidencia en nada que valga la pena, sin científicos ni intelectuales de clase mundial, sin haber hecho nunca un aporte tecnológico a un mundo hiperdinámico del que la separan décadas. Nación dividida en un par de trozos que van a la deriva, una nación que apenas tiene importancia, que ni siquiera es capaz de ser nación. Nación que es apenas un gentilicio.

El problema obviamente es todo eso, y es uno solo. El problema somos nosotros, los cubanos.

Y a mí me da pena.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Cine de barrio

Debe haber sido en el cine Los Angeles donde le agarré el gusto a las películas que nadie veía.

Me iba a medias tardes, a disfrutar del aire helado, con olor a cine vacío, a arrellanarme en las cómodas butacas, observando con curiosidad infinita las musas que flanqueaban la pantalla. Y a ver peliculas japonesas, europeas, soviéticas (que no es lo mismo) y que más nadie ha visto.

Y a fumar, por supuesto. Salia a fumar a la suave luz verdosa del mezzanini, sentado en los mullidos sofás de piel. Me acompañaban un bebedero que siempre tenía agua fría y, a veces, una acomodadora que me observaba de soslayo, con curiosidad.

Un dia mi vieja me sintió el hedor del humo, y me dió una bofetada, de las dos o tres que recuerdo haber recibido. Bofetada de pura frustración, pues el cigarro era su némesis, su pesadilla; que sus hijos fumaran, le resultaba tan insoportable y asqueante como la peste de los cigarros.

Luego llegaron los tiempos del Festival de Cine. La sala atestada, el aire viciado; toda esa gente me resultaba una profanación de mi cine particular. Pero allí conocí a una muchacha y, bueno, es parte de otra historia.

Por estos tiempos ya no están las musas, ni el cine, ni la vieja. Tampoco estoy yo, y ya dejé de fumar.

Pero me quedó el gusto por el olor a cine vacío, por las tardes de aire helado, y por las películas que nadie ve.

H/T Bitácoras Cubanas

Estilo BF

He observado el trabajo de revisión que ha hecho el amigo Tersites de las letras de buenafé, y efectivamente, hay un método y un estilo ahí: el estilo buenafé. Veamos.

Si la ciencia me da la conciencia
de poder acceder a la tuza
en de ver que todo sea paciencia
trabajo, conciencia y prepucia

Si la rueda contiene la prueba
que la vida arrastra en la trópia
tiene rostro la prenda que estrópia
y la tundra que inunda la pepa

Funcionario que tiene mendietas
y que roba por cuenta propia
comandante que vive en la inópia
de los niños que dejan las tetias

Y si tiene un decálogo abierto
de casimbas y cuentas lejanas
siembra un fongo en palangana
de la Patria, banderas y un tuerto

La zanjaaaaaa, etc...

lunes, 15 de septiembre de 2014

Obsolescencia

“Él fue capitán del ejército Rebelde”, me dice entre solemne y triste mi acompañante, mientras con manos nudosas hace un apretado rollo del periódico al que ni siquiera le dedicó una mirada y que le acaba de comprar al astroso vendedor que lo saludó con familiaridad y que ahora sigue gritando, vaya, la noticia, como lo cogieron, con estentórea voz que se escucha por encima del ruido de la calle Reina, y que de seguro le sirvió para vociferar órdenes en mejores tiempos.

“A. siempre me regaña porque me aparezco con otro periódico en la casa. Nosotros lo recibimos, ¿tú sabes?, pero yo siempre le compro un periódico a él, para tirarle un cabo. A. me regaña, pero al final dos periódicos vienen bien, ella los usa para los charquitos del meao de los perros...”, sigue diciendo con una sonrisa suave mi acompañante, ex-teniente coronel del MININT, y que ahora administra una gasolinera cercana a su casa.

Mi acompañante es un hombre privilegiado.

Se retiró, o fue conminado a retirarse, junto con otros numerosos oficiales del MININT y de las FAR de esa generación que se hizo “guardia” en los 60 e hizo carrera en los 70. Generación repleta de graduados en ciencia criminal, espionaje y técnicas policiales, pupilos tropicales en la KGB o la Stasi, muchos inclusive con títulos de abogados, producto de una carrera de Derecho express, adecuadamente diseñada para esos soldados de la Involución, escasos de tiempo y talento académico.

Y él es un hombre privilegiado.

No es, ni fue, de la élite. No tuvo la astucia, las relaciones, el pedigree, la impiedad necesaria para posicionarse en el futuro, en las jugosas organizaciones pseudocapitalistas que, subordinadas al aparato militar, se fueron apoderando de la porción más sabrosa de la magra economía cubana: las divisas.

En la gasolinera, pues resuelve unos litros de gasolina para su maltrecho carro. Es buena gente, y es un tipo querido en el barrio. Es fácil imaginarlo como el “policía bueno” en un interrogatorio.

No como mi vecino, que es un tipo naturalmente malencarado.

Mi vecino, que también fue un hombre privilegiado.

Como coronel activo del MININT, usaba auto oficial, vacacionaba dos veces al año en balnearios exclusivos para oficiales, y viajaba con frecuencia al extranjero, ocasiones de las que guarda curiosas fotos, donde su rígida figura gris desentona entre desenfadados artistas y jóvenes risueños. Su vida fue una buena vida, comparada con la mayoría de los cubanos. Sin embargo, sus méritos y su suerte al parecer fueron insuficientes para tener carro propio. Su más valiosa posesión era un aparato de aire acondicionado que se escuchaba ronronear desde la ventana de su cuarto en las terribles noches de calor habanero.

Y eso fue aproximadamente todo lo que le quedó al retirarse después de casi 30 años de fiel y dedicado trabajo al servicio de la Involución. En la abulia del retiro probó suerte en la Asociación de Combatientes de la Revolución, donde trató infructuosamente de mantener viva la idea de seguir siendo útil a sus ex-empleadores; quería ser historiador, pero se percató rápidamente de que hacía falta más dinero en la casa, ahora desprovista de privilegios. Finalmente, encontró trabajo como supervisor de personal del Cuerpo de Vigilancia y Protección, CVP.

Para su trabajo le asignaron una motocicleta, en la que tenía que recorrer puestos de vigilancia y garitas, algunos de ellos muy alejados de su casa. Poco a poco su rostro ceñudo se tornó aún más oscuro por el hollín del humo de los carros y el sol inclemente. Comenzó a enfermarse cada vez con más frecuencia, abrumado por el aire fresco y húmedo de las mañanas y los aguaceros a cualquier hora. Después de una grave bronquitis, el coronel devenido en coordinador de CVP decidió retirarse otra vez. Tuvo que devolver la moto, cierto, pero al menos el aire acondicionado todavía funciona.

El hermano de mi amigo, según algunos, pudiera considerarse igualmente un hombre privilegiado.

Especialista de primer grado, teniente coronel retirado de las FAR, conoció a su futura esposa mexicana mientras deambulaba desesperado La Habana de los 90, buscando una oportunidad milagrosa de supervivencia. A falta de algo mejor que hacer, salía diariamente a caminar, sin rumbo ni planes, rumiando la perplejidad del soldado que ha pasado la mayor parte de su vida en unidades militares, en la seguridad de la comida tres veces al dia, el ordeno y mando, y con la recompensa de una pequeña pero importante factura de alimentos que se llevaba a la casa quincenalmente.

Caminaba entonces, observando esta inexplicable sociedad civil, tan ajena, tan ineficiente, tan escasa en oportunidades para un ex-militar, ex-oficial, o sea, para un civil recien estrenado que simplemente no sabe las reglas del juego porque nunca lo ha jugado.

Tuvo la clarividencia de reconocer la oportunidad que buscaba en la mujer rechoncha y sonriente con la que tropezó un mediodía en la calle Obispo. Desplegó entonces todo su arte de galán y amante, y cultivó cuidadosamente un tórrido romance otoñal, presto a soltar amarras y dejar detrás absolutamente todo, pues no había ya nada para él en las calles de la ciudad.

En unos meses ya vivía en México. Allá lo conocí. De nuevo deambulaba las calles, otras calles, otra vez desesperado, buscando un empleo, pues la rechoncha y sonriente mexicana se había trasmutado en una, aún rechoncha, pero ahora exigente y dictatorial mujer, plenamente conciente de su ascendiente sobre el infeliz ex-oficial de las FAR, que sabía todo lo que había que saber sobre artillería, pero al que nada había preparado para enfrentar el látigo de aquella mujer de la cuál dependía, al menos por el momento, para permanecer en México, pero sobre todo, fuera de Cuba.
….............................

Cuba. El líder, finalmente muriendo. El hermano, arrastrándose penosamente, y arrastrando al país con él, por una cuesta que no lleva a ninguna parte.

Ya no hay guerritas que librar, la escasa oposición se desgarra en riñas internas, y es el tiempo de los herederos, de repartir, de lucrar, de hacerse con una piltrafa de lo poco que hay.

En ese entorno, ya los soldados no hacen falta. El vendedor de periódicos, mi acompañante, mi vecino, el hermano de mi amigo, y otras decenas de miles cuyos nombres no recuerdo, son desechos. La Involución, burda, alejada de la majestuosidad de un Saturno, ni siquiera se los tragó. Simplemente los masticó y los escupió.

A los desechables, a los olvidados, sólo les queda reconciliarse con la idea de que todo fue un absurdo. 

Y resignarse, por supuesto, a que ahora son obsoletos.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Breve anécdota contemporánea

“Te seré fiel pues serte fiel es serme fiel a mí”

Pablo, Silvio y tantos más

El padre de mi amiga es, todavía es, aunque ya apenas, un afamado doctor, de esos que se mencionan con voz velada, gesto cómplice y reverencia. “Es médico de Fidel…”, siempre fue la coletilla tras su nombre.

Médico, efectivamente, eminente. Más importante aún, médico al que otros médicos le dicen el profe.

El padre de mi amiga, el profe, médico eminente, miembro destacado del equipo que atiende al comandante en jefe y que siempre se declaró soldado de Fidel, médico y soldado, soldado fiel, fiel a Hipócrates y a Fidel, a Fidel y a Hipócrates, hoy yace moribundo en un hospital de La Habana.

Moribundo, demente, el médico, el profe, la eminencia olvidada, el soldado desvalido. yace con las nalgas y la espalda desgarradas por escaras pestilentes,

Las medicinas para curarle las escaras al padre de mi amiga las estamos enviando nosotros, que le somos fieles a ella.

Porque uno debe sabe a quién serle fiel y a quién despreciar, porque eso define no sólo cómo vives sino también, a veces, cómo mueres.

Así de simple.