Havanero en NY

De como veo la cosa, desde La Habana hasta Nueva York...

martes, 18 de junio de 2013

Nosotros, los comestibles

No me gustan las mascotas

Me parece arrogante poseer un animal para diversión personal. Pajaros invariable y tristemente enjaulados, peces confinados en espacios brutalmente pequeños, perros y gatos que parecen eunucos y que obviamente son una aberración en el universo darwiniano.

Somos los únicos animales que poseen animales, y sólo porque decimos que estamos un escalón más arriba en la escalera evolutiva, sistema y término que nos hemos inventado. Y, sin sonrojarnos, nos decimos el pináculo de la evolución, a pesar de que somos los únicos animales que matan por placer.

Somos la única especie gracias a la cual existen asesinos en serie, guerras de exterminio, pedófilos y políticos. Somos los únicos seres vivos que destruyen su habitat por codicia, por estupidez, por negligencia, o por ninguna razón explicable.

Y entonces poseemos mascotas, a otros animales, porque supuestamente somos inteligentes, y los animales no lo son.

Si admitimos entonces que los seres humanos tenemos natural ascendencia sobre el resto de los animales, ascendencia que nos ha hecho adjudicarnos el derecho a poseerlos, criarlos, matarlos o comerlos, pienso entonces que debemos estar preparados para que una especie más inteligente que nosotros nos posea, nos agrupe en rebaños, nos mate a voluntad y se alimente con nuestra carne.

Y por cierto, según la ecuación de Drake, la probabilidad de que algo así suceda parece ser realmente alta...

N = R* • fp • ne • fl • fi • fc • L

lunes, 17 de junio de 2013

Deja vu

No dudo ni por un instante que las intenciones del Dr Esteban Morales sean las mejores, y lo digo sin el menor asomo de sarcasmo. Lo digo porque realmente lo pienso así.

Yo he conocido a lo largo de mi vida decenas de Esteban Morales. Incluso en mi familia hay al menos un par de ellos.

Un tío querido, y ya fallecido, siempre se negó a abandonar la misérrima vivienda donde crecieron sus seis hijos, que huyeron despavoridos de allí en cuanto tuvieron la oportunidad. Decía mi tio que “hay compañeros con más problemas que yo, y que necesitan mas una casa que nosotros”

Mi tio era un tipazo, un hombre de su palabra, respetado por todos, guajiro de mirada azul relampagueante, de temperamento explosivo y escaso discurso. Un tipo que no daba ni pedía tregua, militante de su partido, incorruptible, vanguardia nacional. Mi tio tenía un sentido del humor que lo equiparaba a Samuel Feijoo. Fue un ingenuo que murió en paz consigo mismo, amado por su familia, que nunca le perdonó toda una vida de miserias a nombre de nada.

En mi tiempo en Cuba yo no conocía de Esteban Morales, como tampoco conocía de muchas otras personas que han salido del anonimato de su entorno profesional gracias a las redes sociales.

Pero desde que he comenzado a leer artículos o noticias que tienen que ver con el señor Morales, el deja vu no me deja tranquilo. El hombre es mi tío, y es todos esos ingenuos que he conocido y que han soportado, con la venda de sus ojos y la fortaleza de sus dogmas, a la mierda de gobierno de mi país.
Esta entrevista (parte 1 y parte 2), donde entre otros describe las consecuencias que tuvo para él escribir un artículo crtiticando la corrupción en Cuba, es uno más de esos escritos.

Me llaman la atención varias cosas. Primero, la fidelidad casi perruna de Morales. Segundo, el léxico, las ideas basales: dice, sin variar una letra ni cambiar el tono, que ya suena ancestral, lo mismo que escuché desde que tuve uso de razón. Es el mismo mantra, la misma idea de sacrificio, el Partido por encima de todo, Corea del Norte, los Hombres de Pánfilov, La carretera a Volokolamsk, Así se templó el acero. Ese tipo de cosas.

Ese tipo de cosas que acabó con lo bueno que pudo tener la Revolución Cubana, que apañó lo tenebroso, que fomentó el estancamiento, la impunidad, el desastre nacional.

Yo entiendo que un anciano de 70 años, que dedicó una vida a una idea, o a un ideal, no puede dejar de creer de repente: es como dejar un vicio o amputarse un miembro, voluntariamente. Es reconocer que ha estado equivocado toda su vida.

Pero podría callar por pudor, quizá.

En fin, he aquí algunas de esas frases, que están en esa entrevista, y que me llevaron de regreso a reuniones del sindicato, a escuchar de nuevo a tanto obtuso, las frases de la mansedumbre.


"En mi núcleo se discutió nuevamente mi actitud (...), hubo debilidades en ese momento (...) Salvo unos pocos compañeros, (...) la mayoría se fue por lo que planteó el organismo superior, el Municipio. "

"me preocupó que esa situación le fuera a hacer más daño al Partido que a mí "

"me embargaba una sensación como de dolor muscular, angustia de sentir que denostaban del Partido, de mi partido y yo tenía que aceptar honestamente que creía que el partido se había equivocado, o alguien dentro del partido (…) me molestaba tener que escuchar las críticas al Partido. "

"no fueron demonios los que me sancionaron. Fueron personas revolucionarias )...) una revolución es un proceso muy complejo, algo que debemos repetirnos todos los días. Se trata de un proceso lleno de realizaciones, pero también de las imperfecciones de las personas imperfectas que la hacemos todos los días."

¡Mi Coca Cola por una malta!

La malta es un trauma nacional y personal. Ha sido un sueño, un anhelo, un privilegio, sola o con leche condensada. Es un gusto adquirido que, una vez lo adquieres, no puedes prescindir de el. Es vicio, gula y placer. El que no creció con la malta la odia, por dulce, por empalagosa, por umami. Pero yo y nosotros somos una élite, la que conoce y disfruta de la malta. Porque la malta, estimados, es sólo para conocedores

La malta ha estado perdida y hallada a lo largo de mi vida.

En mis tiempos europeos se convirtió en leyenda, en componente fundamental de las conversaciones nostálgicas.

Pero en Cuba ya había sido, y después siguió siendo, alternativamente, leyenda o multitud frenética llenando cubos con una malta de pipa, líquido desangelado, bombo y casi sin efervecencia, con ese sabor áspero del agua sin tratar.

En México, no hay malta; los mexicanos prefieren Jarritos o Coca Cola. Y entonces la traía de Cuba, pues por ese tiempo ya estaba disponible la Bucanero. La pugilateaba donde estuviera, y me llevaba dos cajas, para perplejidad de aduaneros mexicanos que esperaban encontrar puros y ron, y no estaban preparados para un tipo que contrabandeaba refrescos.

Cierta vez, en uno de mis viajes, y muy en concordancia con nuestras mejores tradiciones, estaba “en falta” la malta, ese eufemismo que le hiela la sangre al que necesita algo en Cuba. Familia y amistades activaron entonces la red informativa suprema: preguntaron, hicieron llamadas telefónicas, hablaron con amigos, con amigos de amigos... hasta que alguien localizó malta en un lugar llamado almacenes de Berroa.

Específicamente fue hallada en una suerte de bar discoteca, un local que parecía una casa del médico de la familia y que estaba metido en las profundidades de ese lugar, cuyo nombre me sonaba tan remoto como Songo La Maya, y que resultó estar en esa zona que los de Santos Suárez, cuando vamos a las Playas del Este, denominamos “”Pa´lla, después de Luyanó”, y que abarca desde la Virgen del Camino hasta el Rincón de Guanabo.

Y allí, en trato directo con el barman, y a despecho del letrero más anticapitalista del mundo, que anunciaba “dos por persona”, me llevé mi par de cajas de malta.

El presente es más llevadero. Aquí en Nueva York, gracias a dominicanos y portorriqueños, hay malta. Hay varias marcas y viene en varias presentaciones. Nosotros compramos Goya, de 7 onzas (257 mL), que es una porción adecuada para quedar satisfecho sin arriesgar un coma diabético.


Y mi hijo, gringuito de nacimiento, ya ha sido iniciado en el culto de la malta, porque hay cosas que uno decide no trasmitir a los pichones de cubano, pero la malta, qué va: la malta es una cuestión de patriotismo.

viernes, 14 de junio de 2013

Razones

Puesto a pensar en el inmenso fenómeno de las redes sociales, el hecho de que alguien encuentre amigos que no ha visto en 20 ó 30 años, o que reciba información de todo tipo, con mucha frecuencia más rápido que usando las agencias de noticias (y el que no lo crea, que pruebe Twitter) o que tenga un lugar propio donde escribir lo que le venga en ganas y sin censuras, vamos, todas esas se bastarían solas como razones para la existencia y persistencia de las redes sociales.

Tiene todo el asunto el encanto de poder participar desde cualquier lugar, desde el más glamoroso hasta el más miserable. Nadie sabe si eres tartamudo o si escupes al hablar. La laptop sobre el regazo o la computadora sobre una mesa desvencijada, da igual. Nadie te mira, nadie se asombra de las paredes despintadas o de la vista al mar, o del calor o del frio. Nadie te huele, nadie te escucha. Sólo te leen, sólo ven lo que quieres que veas.

Pero la maravilla suprema es que es voluntario y espontáneo, es opcional, nadie te obliga: es el non plus ultra del ejercicio de la libertad.

Sin embargo, la gran razón que ahora sostiene las redes sociales es, en realidad, el narcisismo.

Y no es malo, no hay que alarmarse. Es, al cabo, el mismo narcisismo que nos compulsa a hablar y querer ser escuchados, o a vestir a nuestro gusto o estilo, o a invitar al amigo al mejor restaurant de la ciudad, o quizá del mundo, o a lucir una mujer deseable y hermosa, o a ofender el olfato ajeno con una colonia de olor penetrante.

Es, en definitiva, la cosa humana.

Después, clara y dolorosamente, está Cuba.

Cuba, donde lo espontáneo, voluntario y libre necesita de interpretaciones, intermediarios y profundo análisis; donde para asimilar la avalancha se precisa de asociaciones, foros, grupos, seminarios, censores, copistas, escribas y defensores.

La cosa cubana. Cuba, que, por todas esas razones que sobran, da pena.

Razón de más para que no me la pueda sacar de la cabeza.

¿La última piltrafa de la Guerra Fría?


EEUU, reeditando Iraq. Quieren sacar del poder a un dictador hostil que, sin embargo, ha sido, como lo fue Hussein, un buffer en esa volátil región. Parece caprichito.

Rusia, pues ahí tiene su única base militar fuera de su territorio, además de un excelente cliente para sus armas.

Pero todo es más interesante y complicado que lo que fue la monótona Guerra Fría:

Al sur, Israel, para el cual, sea quien sea el vencedor en el conflicto, va a ser su enemigo.

A un lado, Irán, el aliado incómodo

Al otro lado, la hegemónica Turquía.

Adentro, Hezbollah, apoyando... al gobierno sirio.

En las sombras, Al Qaeda.

Y un arsenal de armas químicas al alcance de la mano.


Tiempos que vienen (o que ya están aquí) muy jodidos.






jueves, 13 de junio de 2013

Revelaciones

Qué emoción.

Dice Jennifer López que los latinos en USA se están dando cuenta de su poder. "We're realizing our power. We're realizing that we matter here. You know, we're not just, you know, the guys working behind the scenes in the kitchens and as a plumber."

Y que por eso ella está “lobbying for greater diversity in TV programming”

Es decir, que pronto los latinos serán promovidos a meseros, habrá electricistas de Centroamérica y se verá a Brad Pitt en las telenovelas mexicanas.

¿O entendí mal?


Sin perder la cordura...


Y yo, que ya tuve mi dosis de prohibiciones por lo que me queda de vida, y que a la vez creo que los saggy pants son uno de los pináculos de la falta de swing y la cheada, me pregunto, ¿prohibir una forma de vestir a las personas, aquí, en the land of the free y el home of the brave?

¿O será que están de vuelta los peregrinos del Mayflower y no me enteré?

Y he ahí que estoy entre dos aguas, entre el rechazo que me provoca esa indumentaria y el que me provoca la limitación de las libertades individuales.

Pero, en cualquier caso, nunca se debe dejar a un lado la selectividad, porque hay prohibiciones que vaya, no sé, no sé, hay cosas que rebasan cualquier enmienda a la Constitución...



Domingo social

El domingo estuve en una fiestecilla vespertina, en un enorme patio a la sombra de inmensos robles, donde encontré mucha gente agradable, y a una señora que hablaba sin parar.

Saltaba ella indetenible, parloteando con el abominable dejo que usan algunos hispanoparlantes que creen que hablan inglés, de un tema a otro, desgranando lugares, sucesos, soluciones, sentencias, opiniones y descalificaciones. Y yo, que a veces prefiero escuchar, y siguiendo las convenciones sociales más elementales, varias veces traté de decir algo, pero la señora sencillamente no dejaba poner una.

De repente me percaté de que me sentía agobiado y, para mi sorpresa, la sensación resultó ser muy familiar. Y entonces tuve una revelación:

Una persona que habla mierda sin parar es como la televisión.

Y, discretamente, apagué a la señora, me levanté de mi cómoda tumbona, y me fui a escuchar a unos señores, que hablaban sin parar de cualquier cosa...

miércoles, 12 de junio de 2013

Elaine Díaz y el llamado a la inmolación

Una periodista del NYT ha publicado una entrevista que le realizó a la periodista cubana Elaine Díaz.

Y, de nuevo, alguien que padece de monocromatismo.

Elaine Díaz es una periodista talentosa que tiene el privilegio de poder escribir en las redes sociales y compartir sus ideas. Y lo hace de la manera más contestataria que se puede ser en Cuba sin ser defenestrado. Y eso, yo digo, es inteligente, y ya es bastante, aunque obviamente no sea suficiente.

La periodista del NYT destaca que Elaine Díaz es oficialista, y que prefiere decir “cambiar para crear lo nuevo” y no “derribar el sistema y crear otro”. Se desespera obviamente ante el eufemismo, o queda perpleja porque Elaine habla de lo difícil que sería decir que Fidel Castro es un hijo de puta ególatra y mesiánico que ha descojonado la nación, la sociedad, la economía y la cubanía, aunque quizá ella lo dijera en términos que fueran publicables en el NYT.

Yo digo que Elaine Díaz es valiente, está caminado la cuerda floja, y está haciendo mucho más que otros en Cuba, y fuera de ella.

El problema quizá resida en que los términos medios sólo son buenos en los filetes.

Sin embargo, hay que respetar las opiniones ajenas, en primerísimo lugar, aunque a uno le parezcan insuficientes o equivocadas: esa es la libertad de pensamiento y expresión de la que los cubanos carecemos y que añoramos. Tan válidas son las declaraciones de ED, como las de la periodista del NYT, o las de Yoani Sánchez.

Y finalmente, nadie tiene derecho de exigirle a otro la inmolación. La necesidad de sobrevivir el día de hoy para luchar el de mañana es elemental, y todos, todos, lo hacemos de esa manera.

Le deseo toda la suerte a Elaine Díaz, y ojalá que mantenga su presencia en las redes sociales, soplo de frescura que se agradece.

Get real, people...

He aquí que uno de los problemas que mucha gente tiene es que toman lo que alguien dijo o escribió hace 200 años, 300 años, o un par de milenios, y lo quieren aplicar literalmente al presente. Por eso religiosos de todas tendencias, marxistas, martianos y otras bestias están como están.

Y he aquí un contraste entre el sentido común aplicado a la realidad contemporánea, y una idea buena, grandilocuente, romántica... y que tiene 200 años.