lunes, 25 de marzo de 2013

Alucinaciones


Nueva York es la belleza de las bellezas. El centro de todo, la cosmopolita, la caleidoscópica, la enigmática. Es La Ciudad, y no se diga más.

No hay medias tintas con ella, no admite visitas cortas y, como a las mujeres intensas, hay que amarla sin cesar para conocer sus remansos, sus lugares no comunes, lo que reserva para el que regresa.

Nueva York encandila, deslumbra, hipnotiza y seduce. Es esa amante fabulosa, sensual, deliciosa, pero que tiene, como toda mujer poderosa y veleidosa, demandas: Nueva York siempre quiere, y requiere, tiempo y dinero.

También es, claro que sí, una perra furiosa, si bien con muchas tetas. Y si te haces con una, y evitas la mordida, va y la sobrevives, y hasta te sonríes.

Es una ciudad magnánima, te deja soñar, a todos deja soñar, porque es imposible no soñar en Nueva York pero, tarde o temprano, se va a ocupar de despertarte. Y se despierta uno, entonces, a la realidad.

Suerte entonces a Orlando Luis Pardo Lazo con su nuevo amor, que la va a necesitar.

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