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martes, 15 de diciembre de 2015

17D: sin prisa, en pausa, y en crisis

La prisa


“(…) después que se pasa esta breve vida esperando que un día comience un deshielo, que aparezca la primera grieta, hasta un lunes sería un día feliz. Pero resultó miércoles el día en que el Presidente Obama decidió anunciar (...) la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos”

“Maravilloso miércoles de milagro, miércoles que antecede a un jueves, en el que Cuba y Estados Unidos sueltan las muletas y, quizás, por fin, echan a andar”


Eso lo escribí el 18 de diciembre del 2014.

Fue el día siguiente al 17D, el diesisiete, que ahora comparten Babalú Aye y Barack Obama; día de esperanzas para devotos de los milagros y crédulos de la política. Me entusiasmé hace un año, lo admito, como pocas veces antes. Me creí la historia a pies juntillas, y le di la bienvenida a lo que decían era un cambio; escribí cosas por entonces, conversé, y grité vivas mentales a la nueva Era.

Un año más tarde, pues vuelvo a escribir. Nada de eso queda: de mi optimismo, quiero decir, pero tampoco Cuba está igual que antes del 17D; en realidad, está peor.

A un año, se sabe que la arrancada no fue tal; se sabe ahora que no fue un comienzo de Era, ni siquiera de era. El 17D resultó ser solo otro punto y seguido, un ahora-es-por-aquí en la continuidad de la dictadura, un más-de-lo-mismo amparado por ese golpe de timón del Presidente Barack Obama, que junto con su equipo asesor pensó, pensaron, y llegaron a la conclusión que a la décima va la vencida; lo que no lograron las nueve administraciones anteriores a las malas, se dijeron, lo lograría este Presidente a las buenas, concluyeron; dame la mano y cantaremos, en paz queremos crecer, propusieron.

Y le tomaron la mano, la palabra, y le cogieron... el ritmo.

Ni el zombie fundador, ni el general heredero, mucho menos sus mediocres descendientes ni sus arrimados; ni los generales campesinos avecindados en Nuevo Vedado, ni sus familias, sus amantes, amigos y cortesanos; nadie, de los que a alguna teta, escualida o rolliza, se aferran con dientes de miserables, ninguno de ellos quiere, ni necesita, un cambio en Cuba.

¿Cambiar qué, para qué, por qué?

“Pregúntenle al pueblo”, o algo así, responderían a un hipotético cuestionamiento de un aun más hipotético periodista cubano de la prensa nacional. “Pregúntele a ellos, a nuestro heróico pueblo”, insistirían, con voz tonante y sin sonrojarse, dejándole a los voceros y escribas el sucio trabajo de apilar otra vez los argumentos falaces y repetir frases huecas que apestan a medio siglo de obsolescencia.

Pero el Archienemigo, amable, sonreía aquel 17D con dientes de júbilo, y había que decir algo. Algo sentencioso, inapelable, tan retorcido como “Por la Patria, la Revolución, el Socialismo”, o tan absurdo como “¡Seremos como el Ché!”.

“Lo que sea”, se burló entonces el general heredero, “lo haremos sin prisa, pero sin pausa”. Y ni siquiera le tembló la voz rasposa, cincelada por el aguardiente, engolada en una viril marcialidad -demasiada voz para tan escasa prestancia-, ante tanta falsedad. Se mofó de todos el hombrecillo, con eso de no tener prisa, como si fuera un adolescente y no un anciano al que se le acaba el tiempo. Se burló, decía, con lo de la sin-prisa, pero el irrespeto, la bofetada en el rostro, fue la sin-pausa.


La pausa

Pausa implica que algo en movimiento se detiene; por un instante, un día, un año, unas décadas. El socialismo, por ejemplo, pausa desastrosa entre capitalismos: sesenta y nueve años de pausa en la ex Unión Soviética, cincuenta y siete años de pausa en Cuba. Eso es una pausa.

Y Cuba está en pausa; dejó de moverse hace mucho, después que la revolución desarticulara a la nación y se postrara en la tiranía. Un amigo me escribe; “Se mueve, pero como una barcaza a la deriva”, comenta preocupado. “De locura en locura, en batallas de ideas”, concluye perplejo.

Lo cierto es que nada ha mejorado en Cuba. En cambio, a lo largo de este año, el desgobierno cubano se ha dedicado a arrojarle tierra en los ojos a ajenos, y migajas a los propios. Luego, con total desfachatez, ha dejado que sus portavoces se desgañiten anunciando que eso es cambio. Y algunos se lo creen.

“Pero este país no es el mismo”, tercia mi amigo, aleccionador.

Es cierto. Hay permiso para viajar -que en realidad es una desesperada movida en busca de una entrada de efectivo fresco, y sin costo-; hay acceso a una anémica WiFi -lo que entusiasma a los disidentes de la conectividad-; los que se pliegan en eso de la “oposición leal” pueden publicar su discurso cubista y desabrido sin que les derriben la puerta en la madrugada -al cabo son inofensivos-; hay una embajada más. Y todo es una palmada en la nuca a un cachorro dócil: el desgobierno cubano sabe lo que hace.

Los cambios son de utilería, cosméticos, y no de fondo.

Si bien hace unos años era impensable la existencia de 14 y Medio, de grupos opositores en activo, marchas semanales de Damas de Blanco, negocios privados, “magnates” tropicales con intereses en ambos lados del Estrecho, o un jet set de nuevos ricos ajeno a la nomenclatura que transita las noches habaneras, alguien se percató que nada de eso afecta el control absoluto que requieren los gobernantes para obtener lo unico que quieren: mantener el poder a como de lugar.

Mientras, el país, la nación, están detenidos; enterrados hasta los hombros en un lodazal pseudo ideológico, feudal, a la espera -la espera, que es el nombre de la esperanza en Cuba- de un cambio necesario; de mentalidad, de método, que urge y ahora más, cuando varias circunstancias confluyen para una tormenta, sino perfecta, por lo menos destructiva.

La crisis

No todos creen, mucho menos confían, en las secuelas gloriosas del 17D.

Los rumores acerca de una posible, quizás inminente, desaparición de la Ley de Ajuste, y con ello la desaparición del estatus de excepción del que gozan (gozamos) los cubanos, ha desatado una (otra) estampida que ha degenerado en crisis migratoria.

El drama de los cubanos varados a lo largo de la ruta terrestre, que comienza en Ecuador y termina en los Estados Unidos, es solo una pieza -si bien importante- del mosaico de la fuga cubana. La situación se ha agravado con la nueva exigencia de visas por parte del gobierno ecuatoriano y el aparente consenso de los países centroamericanos para el cierre de esta vía de escape de la migración cubana hacia los Estados Unidos.

La consecuencia más probable e inmediata será el incremento de los balseros, y del escape de la isla en manos de las redes de traficantes de personas, que no van a renunciar a los jugosos ingresos que obtienen por esos “servicios”.

Por otra parte, la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias en Venezuela anuncia que a corto o mediano plazo, habrá consecuencias funestas para la población cubana. El día de la “opción cero”, la hora del cierre de esa transfusión petrolera que ha mantenido funcionando a la isla, es solo cuestión de -poco- tiempo; el fantasma de un segundo Período Especial, de otro desplome de la mal apuntalada economía cubana, está asomando en el horizonte, sin que se avizore otro mecenas dispuesto a echarse encima el fardo amorfo de un país disfuncional.

17D

Raúl Castro está terminando su interinato como una mutación esmirriada y anémica de la apertura chino-vietnamita, con todos sus rezagos y ninguno de sus beneficios. Su discurso es la bravata; su método -quizás lo reitere este 17D- es el culto a la sin prisa y la continuidad de la pausa.

Sin prisa, pero sin pausa, es la consigna optimista para los ingenuos.

Sin pausa, pero sin prisa, es el hueso que le arroja el tirano al apuro reformista.

A un año del 17D, un país inmóvil, una crisis galopante, para el que esté prestando atención.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Miércoles, sin muletas

No es un miércoles cualquiera este miércoles, que a algunos se les atraviesa, y a otros se les quita del camino.

Es un miércoles que se viste de novedad, alegría, histeria, confusión, profetas, sorpresa, desenfreno, expectativas y cautela. Es un miércoles en el que los cubanos oran a Babalú Ayé, escuchan como Obama inaugura lo que parece una Era, y soportan otra arenga de Raúl Castro donde, de haber algo relevante, se debe haber diluido en la algazara por la liberación de los tres espías cubanos que se intercambiaron fundamentalmente por Alan Gross.

Alan Gross, que nunca se imaginó pieza clave en un miércoles cubano. Espías, cuyo retorno pone fin a una desgastada y sosa campaña por su liberación, cuya mayor consecuencia fue llenar paredes, muros y resquicios de Cuba con horrendos carteles y pintarrajas, y cuya restauración es posible que tome al menos el mismo tiempo que pasaron los espías encarcelados.

Casi que me gustan los miércoles ahora, pues después que se pasa esta breve vida esperando que un día comience un deshielo, que aparezca la primera grieta, hasta un lunes sería un día feliz. Pero resultó miércoles el día en que el Presidente Obama decidió anunciar, además del intercambio de prisioneros a la usanza de la guerra fría, la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Y así, entre los crujidos de este miércoles que se sacude el polvo de medio siglo, en la sobriedad post euforia, ando hurgando en los motivos.

Las razones de los cubanos

He aquí que hay quien no está contento por lo que sucede.

Y no son necesariamente las compañías que monopolizan los vuelos a Cuba, las agencias de viaje o los que medran de alguna manera con las restricciones y el estatus especial de las relaciones Cuba-EEUU, dentro o fuera de la isla.

Son personas, o grupos, que simplemente piensan que el cambio en Cuba debió comenzar por otro lado, por la apertura política, por la instauración de la democracia, lo cual es indiscutiblemente deseable.

Es una actitud, sin embargo, en la que no se piensa, o simplemente se renuncia a pensar, que ni bloqueo, ni presiones, ni el deseo de millones, logró siquiera estremecer medio siglo de inmovilismo y forcejeo politiquero; que lo más deseable es, siempre ha sido, lo que ha sucedido: que pasara Algo.

Y ese algo que pasó, es que el Presidente Obama le ha puesto la bola en la mesa de trabajo a Raúl Castro. Que este haga algo con ella, pues no lo sé. De hecho, lo dudo. Pero lo que es indiscutible es que la monserga del bloqueo y del Gran Enemigo como fuentes de todos los males, pilar preferido de los interminables discursos del anciano apocalíptico (que se debe estar retorciendo de ira y frustración, si bien discretamente, para no caerse de su silla de ruedas) se le está escurriendo entre los dedos a escribidores, voceros, y al General Presidente.

Entonces resulta que la alternativa de los que no aprecian este miércoles en su justa medida es dejar, seguir dejando, que pasen 10 años más de espera, o 20, ó 30, a ver si otro Algo se encarga de un cambio en Cuba. El fin biológico, o un hipotético cataclismo social, o quizás un milagro mayor que el de este enorme miércoles, milagro que llevara la democracia a Cuba, y restaurara todos los derechos humanos que ahora se violan sistemáticamente. Un cambio por arte de birlibirloque y de hipnotismo a distancia.

Es una idea difícil de entender, esa de los que rechazan este miércoles, y prefieren prolongar la debacle cubana a ver si se resuelve por sí sola. Y, como si fuera poco, se les escapa, o dejan escapar con toda intención, una consideración fundamental:

Que a los 11 millones de adentro no les interesa un cambio, una mejora, que no sea en lo que comen o usan.

Que la idea de los cambios necesarios en esa sociedad la entendemos mejor los que estamos fuera de Cuba.

Pero que nos fuimos de Cuba y que, desde aquí, carecemos del derecho moral de decirle a los cubanos de adentro lo que deben hacer; de decirles, oigan, este es el cambio que necesitan, el que decimos nosotros, y no cualquier cosa que haya sucedido este miércoles.

El sendero de los cubanos, de todos absolutamente, hacia otra sociedad y otra Cuba, ha sido esmeradamente minado con resentimientos, desencuentros y extremismos. Y no es tarea sencilla, no ya andar ese camino, si no siquiera comenzar a recorrerlo. El proverbial primer paso del camino más largo es, efectivamente, el más difícil.

No es entonces totalmente reprochable que haya quien simplemente piense que este miércoles ofrezca el extremo incorrecto para zafar el nudo cubano, y prefiera cortarlo, o más bien, esperar a que se desate por sí mismo. Esa es, simplemente, una extraña forma de mansedumbre, unida a la manera en que nos enseñaron a pensar: blanco y negro, enemigo y amigo, David y Goliath, norte y sur, todo o nada, socialismo o muerte. Que se jodan.

Debo decir entonces que, a pesar de los pesares, mi esperanza es que los cubanos de adentro, de una vez y por todas, y a pesar de miércoles de milagro o maquiavelismo, se percaten de que los problemas están, siempre han estado, adentro, y no fuera de Cuba.

Las razones de Obama

Los motivos de Obama siguen siendo un enigma para mí, así como la elección del momento para esta histórica declaración.

Por qué este miércoles, y no otro, de hace uno, o dos, o cuatro años, me pregunto. Y nunca faltará algún sabio que responda a mi pregunta con esa frase, tan cara a los dogmas de la demagogia marxista: las condiciones no estaban dadas. Y probablemente, hasta tenga razón.

Pero, ¿cuáles eran entonces las condiciones ideales de Obama?

¿Esperar a que Alan Gross estuviera en el punto adecuado de deterioro físico y mental, y contar entonces con que el gobierno cubano estuviera presionado por la falta de tiempo en una posible negociación?

¿La certeza de que el desastre venezolano culmina a corto plazo, y que Cuba sabe que va a perder los subsidios?

¿La urgencia en exorcisar el ridículo fantasma de Putin y sus aspiraciones neo zaristas en el traspatio americano?

En cualquier caso, todas se me antojan posibilidades maquiavelicas, válidas, pero no me parecen condiciones suficientes.

Mi hipótesis es entonces que, después de la paliza recibida en las elecciones intermedias, la estrategia demócrata ha sido usar, primero la amnistía migratoria, y ahora el caso Cuba, como par de provocadores codazos en las costillas de los republicanos.

Obama, en su recta final, piensa entonces que los republicanos tendrían que enfrentar la ira de los hispanos, y de al menos la mitad de los cubanos de EEUU, si quisieran deshacer esas iniciativas. Y Obama sabe que eso “no es fácil”, asumir el costo político de tal torpeza.

Pienso entonces que todo ello es, en definitiva, una trampa política, con Cuba y los hispanos de cebo, que puede aniquilar las aspiraciones republicanas por otro buen rato. Y, por lo que se lee, Marco Rubio, Jeb Bush, y previsiblemente Ted Cruz, ya van directamente hacia ella.

Mis razones

Yo, pues qué cojones, yo estoy contento con este miércoles.

No porque piense que algo está resuelto; de hecho, nada lo está, sólo hay intenciones y discursos, unos mejores, otros pésimos. Pero, como me dice un amigo, se parece mucho al principio del fin, o del bloqueo, o de la era mesiánica de los Castros, o de los dos.

Maravilloso miércoles de milagro entonces, en que por fin Cuba está en las Top News de Google, y en que ya hay amigos que pueden y quieren hacer negocios en Cuba.

Maravilloso miércoles de milagro, miércoles que antecede a un jueves, en el que Cuba y Estados Unidos sueltan las muletas y, quizás, por fin, echan a andar.

PD: ¡Y que vivan Cuba y los Estados Unidos!

viernes, 16 de diciembre de 2011

17

Agróniga, Asojuano, Ayanó, Chakuata, Awojonú, Shapkan, Asoyí, Atimaya, Ayamú, Babalú Aye, el dueño de la lepra, la viruela, las enfermedades venéreas y en general de las pestes y miseria, San Lazaro milagroso, baba soroso.

Dicen que hay que darle maíz tostado, ministras de diferentes granos,mazorcas de maíz asadas, pan quemado, agua de coco, vino seco, ajo desgranado, pescado y jutía ahumados, cocos, cocos verdes, cebolla, corojo, cogote de res. Se le inmolan chivo con barba, gallina de guinea, gallo y paloma. Sus Ewe son cundeamor, sargazo, sasafrás, alacrancillo, apasote ateje, piñón botija, bejuco ubí, caisimón, albahaca, zarzaparilla, alejo macho,artemisa, caguairán, cenizo, copaiba, chirimoya, bejuco amarillo, bejuco lombriz, cardosanto, cabolletas, ortiguilla, incienso, millo, pica pica.

Y mañana a pedirle mucha salud, que de lo demás nos encargamos nosotros.




viernes, 17 de diciembre de 2010

La persistencia de la memoria

Hay cosas importantes que no recuerdo; hay otras desagradables que no logro olvidar. Caprichosa que es mi memoria. Tal es así, que cada 17 de diciembre me acuerdo de lo mismo: el tipo alto, bien parecido, preferido de las damas (aquí me permito algo de amarillenta envidia, pero que hacer, uno es humano), que nos contaba, con un pedante aire de persona ocupada y responsable, como fue elegido para estar en el cordón que vigilaría a los peregrinos en camino hacia El Rincón. “Para que no pase nada raro, tú sabes, siempre hay un comemierda por ahí…”

Hoy lo van a extrañar en el cordón y muchas damas estarán pesarosas (y dale con la envidia). El hombre trabaja casi 12 horas diarias, inclusive los sábados, y no hay tiempo para más.

Y es que es difícil ganar lo suficiente para mantener a una familia en Miami.

PD: Ache para todo el mundo, para mi gente y para mi.  Y para él y su familia también, que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad.