lunes, 3 de febrero de 2014

Van Van, de 5, 3...

Yo no sé si eso obedece a una regla no escrita, o escrita, o a un estilo del que ya no se pueden desahacer, pero muchos songos vanvaneros padecen de la maldición de los 3 minutos.

En una pieza que dura 5 minutos, hay que escuchar 3 minutos aburridos, para llegar entonces al tumbao y al corito en el minuto 3, pero que se pone realmente sabroso sólo en el último minuto de la canción.


No es eso un estilo exclusivo de Van Van, pero la antítesis de ese fenómeno fue aquella antológica de Elio Reve, “Mi Salsa tiene Sangunga”, que empieza arriba, y termina imposiblemente mucho más arriba, en una de las rumbas más sabrosas que ha sonado en la música bailable cubana.

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