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sábado, 6 de junio de 2015

Mattina

Ese mercado italiano es pequeño. Compacto, repleto, que no cabe más nada en la estantería, donde todo lo que se exhibe es importado de Italia. 

A esta hora de la mañana hay sólo un par de parroquianos. Nunca hay muchos; en las veces que visito el lugar para hacer alguna compra, que por lo general es trascendental, he visto multitudes de cinco o seis personas: no más que eso.

Tras el mostrador, se escucha hablar italiano, español, y alguna frase complementaria en inglés. Sobre el mostrador, hay bandejas con muestras de sabrosuras locales: guisos de berenjenas, en cuatro variantes; picante, agridulce, dolce-amaro, me explica el cariredondo sonriente amabilísimo dependiente -Pietro, se presenta-, prueba esta, me dice, receta de la nonna, remata con mirada de gordo pícaro. 

A un costado brillan, en brillantes tonos de rojo y rosa, bocados de sopresatta, salami, mortadella, acompañados por cremosas rebanadas de provolone Auricchio. Unos enigmáticos trozos de algo empanizado están algo más atrás.

“Eso”, me cuenta Pietro, “es brioche, tostado, dos rebanadas, rellenas con mozzarella y ricotta, empanizadas, y fritas…” Me ofrece uno de los pedazos y sonríe otra vez, satisfecho con mi expresión de deleite-sorpresa cuando degusto esa delicia. “Como mejor se come es con dos pastillas de Lipitor, para que sepa mejor…” Y nos reímos a carcajadas, cómplices en la gula y la consecuencia.

Salgo entonces de regreso a la mañana, huyendo despavorido de ese lugar, adonde siempre acudo por las cosas buenas, y donde gratis recibo amabilidad y buen sentido del humor, que se agradecen a cualquier hora del día…

Alec Heny ©

sábado, 16 de mayo de 2015

De lo que uno escucha cuando conversa con personas interesantes

“La emancipación de la mujer tiene que ver con el costo de la vida, no con el verdadero reconocimiento de igualdades, lo cual, por cierto, me jode un poco.

Si todavía fuera posible que un hombre sostuviera a su familia con un solo salario, las mujeres aun estuvieran en casa. De hecho, fíjate en los países donde todavía es posible vivir de un solo salario, y observa la situación de la mujer allí.

Por otra parte, al salir la mujer a la calle a trabajar, se crea un vacío en la atención a los hijos que tiene repercusiones serias: hijos desatendidos, padres sin tiempo para las cosas simples, adolescentes más desorientados aun, matrimonios deshechos, familias disfuncionales, sociedad por ende en crisis.

Y todo, por el puto costo de la vida…”

Tecleando

“Yo quería escribir la canción más bonita del mundo…”

Sabina

Mire, el mayor problema que tenemos es que la vida es puñeteramente unidireccional, y todo con lo que contamos para vivirla es un teclado.

Usted escribe “doy un paso”, y no hay manera de desandar. Nada de borrar: cada letra, cada vacío, es terminal. Usted tiene una sola oportunidad para escribir sus palabras, con el mejor tino y ortografía, y si olvidó un acento, o si su idea no funciona, pues ya no hay remedio.

Las ideas tienen esa perniciosa persistencia: a veces, simplemente, no funcionan, pero ahí se quedan, en alguna página de su vida, jodiendo, recordándole que Usted es alguien que puede tener muy malas ideas; no te andes quejando, le dicen, asume las consecuencias, machacan burlonas.

Como si no bastara con esa irreversible linealidad, la mayoría de las palabras que se inscriben en nuestra vida ni siquiera nos pertenecen; de hecho, nos están vedadas, otros las escriben por Usted y por mí y -se pone aun peor el asunto- nada podemos hacer para impedirlo: “Nacimiento”, por ejemplo. “Pedrada”, que le dejó una cicatriz en la cabeza. “La mujer”, de la que se enamoró. “El drogadicto”, que embiste tu carro y asesina a tu familia. Aquí amé, aquí casi odié, aquí me sequé las lágrimas, es todo lo que le está permitido añadir a la historia ya escrita, si es que le quedan deseos de hacerlo.

En mis relecturas, encuentro párrafos que borraría completos; marcarlos, borrarlos, la maravilla que sería rescribirlos, a veces sueño con eso: cambiar la cara triste de la muchacha de la que me burlé, por ejemplo, la expresión severa de mis amigos, “Estás de pinga, compadre”; eso anda por la página dieciséis o diecisiete. No escribí su nombre, el de la muchacha, pero se inscribió con trazo firme la sonrisa feliz, primero, y su tristeza a renglón seguido; yo escribí la idiotez, ella escribió el resto. Es lo que digo: nuestras páginas están abiertas a otros, y no hay nada que se pueda hacer para evitar que te dejen una nota, en mayúsculas.

Usted escribe el grito, otros escriben el llanto; Usted aporta la indiferencia, otros se encargan del remordimiento; una tarde tú jalas, torpe, el cordón que le ceñía la cintura del vestido de flores, lo haces crujir del tirón; ella te deja la mirada de decepción, no es así como se hace, aparece entre paréntesis, o quizás al pie de la página, para que lo encuentres con facilidad, y te sirva más tarde, no es así como se hace.

Hay otras frases, terribles por definitivas. Son del carajo. Me voy, por ejemplo; me voy a mi casa, me voy con otra mujer, me voy que ya no puedo, me voy acostumbrando, me voy de aquí; me voy, mamá: dile a mis niñas que me fui. Me voy pa la pinga de aquí. Me voy, que es de las que uno escribe, junto con para siempre. Las frases definitivas, decía, son del carajo. Difíciles de escribir.

O familia, que también es definitiva pero que, además, es de las que se escriben solas; los adjetivos, pues vienen incluidos, y Usted sólo adiciona uno que otro, pero, de nuevo, no puede borrar nada. O los hijos, igualmente, amorosamente anotados; sus adjetivos, no importan. O escriba “amigo”: tenga suerte, que sea para siempre. O no, y disfrute entonces de una de esas escasas oportunidades de poder eliminar un eventual error. Arrancar la página, pues, que duele.

Pero eso no es frecuente, que Usted pueda quitarle algo a su escrito. Paradoja de mierda, ¿verdad?, que algo que es suyo no le pertenezca; ni siquiera lo controla. Usted sólo traza algo hoy, acota otra cosa mañana, pasa la página; en algún momento recapitula, dice, cojones, si pudiera hacerlo de nuevo, backspace, backspace, backspace, delete, delete, delete, todo de nuevo, ¡qué bien lo hiciera!; al menos, qué diferente lo haría.

Eso es lo que Usted cree, que va a escribir mejor porque va a escribir otra cosa; porque escribiría con primorosa letra Me quedo; porque le diría a la muchacha, hola, cómo estás; le devolvería la sonrisa, reirían de algo sin importancia e irían a masturbarse a la sombra de unos marpacíficos; “Usted es el mejor”, dirían los amigos, risa obscena, noche llena de alegrías, quizás; la noche hubiera sido mejor, quizás, otra en fin; quizás ni la recordaría. O la tarde; nada de jalones: tomarla por la mano, ven, levantarle el vestido, sentarla a horcajadas, olvídese de cordones y nudos, así, aferrarse a sus nalgas, hasta atrás, así, así es como se hace.

Nos urge entonces aprender a escribir, a ciegas, con este rústico teclado que nos toca. El tiempo se acaba. No funciona casi nada, ni F1, ni Escape, y Read-only va siendo el único modo disponible.

Nos urge entonces aprender a escribir de una vez, antes que el relato termine, antes que escriban por ti la última palabra del último renglón, y ya a nadie le interese leerlo.

Alec Heny ©

sábado, 4 de abril de 2015

Orientación profesional

-Papá, ¿estás escribiendo en Facebook o un cuento?

-Un cuento…

-¿Tú escribes porque quieres ser rich and famous?- y me mira con ojos pícaros.

-Bueno, (y me dispongo a soltar una cápsula educacional), la fama no es importante. El dinero sí, pues es necesario para la vida cotidiana de nuestra familia…

-But I mean rich. It´s OK to be rich!

-Sí, pero no es el caso…

-I want to be rich…

-Pues entonces (segunda cápsula educacional), debes estudiar y…

Dejó de prestarme atención y siguió jugando con sus legos.

Este capitalismo, moldeador de las mentes de los hombres novísimos…

sábado, 21 de marzo de 2015

Una gota atraviesa el parabrisas

Arranco el carro, y me voy manejando calle abajo.

Una cuadra antes de llegar al semáforo, una gruesa gota trepa al borde inferior del parabrisas del auto, y sube, reptando veloz. Deja tras de sí un sinuoso rastro húmedo, llega agotada al borde superior, y desaparece. El transparente y brillante trazo adelgaza con rapidez y se desvanece. La luz roja me detiene.

Eso es calculable, me digo.

Tendría que conocer, claro, en primer lugar, la tensión superficial del líquido, que obviamente no es agua, sino un poco de esta, con la adición de líquido limpiador del parabrisas, sales descongelantes que han caído sobre el carro, y alguna pizca de mierda de gaviota. O sea, una mezcla cuyas propiedades no están ordenadamente tabuladas en ninguna parte.

Luego, necesito saber la masa inicial de la gota, más la velocidad crítica que la hizo moverse –o sea, la velocidad crítica que alcanzó el carro-, y así conocer la fuerza que, en el equilibrio, sería igual a la masa de la gota por la gravedad por el coseno del ángulo del parabrisas, dato que tampoco conozco.

Me hace falta enterarme también de la velocidad inicial del viento -llamémosla Vo-, pues preciso estimar la variación de la turbulencia con la aceleración; además, me hace falta conocer la temperatura del aire, y del líquido, por aquello de las viscosidades.

Aun me faltaría el coeficiente de rozamiento del vidrio, y tener en cuenta que la gota comenzó con una masa inicial Mo y terminó desapareciendo, o sea Mf =0, así como que su movimiento se inició a una velocidad crítica Vo, ya mencionada, pero que también el carro siguió acelerando, y que después desaceleró, por lo que la velocidad primero aumentó, y después disminuyó y con ello también varió la fuerza de empuje, por lo que ahora tenemos variación de la turbulencia con la velocidad, que hizo que el recorrido de la gota no fuera recto, y que su velocidad de desplazamiento por el cristal no fuera constante; una delta Masa de la gota de agua, que fue de Mo a cero, y una velocidad del aire que va de Vo, a una V máxima, a Vf –final- y nada de eso varía necesariamente de manera lineal.

O sea, que si se quiere describir por qué la gota atravesó el vidrio como lo hizo, y asumiendo que no se esté dejando fuera algún factor de esos que hacen que los puentes se caigan, se colocan todos esos datos en un sistema de ecuaciones, probablemente diferencial y…

El claxon del carro a mis espaldas tronó con exasperación, desesperado porque yo acabara de moverme con la luz verde ya iluminando el semáforo.

Creo que tengo que dejar de observar las cosas que suceden en el parabrisas.