Al cáncer llamarle “larga y penosa enfermedad”. Y a una larga y penosa enfermedad, “Revolución”.
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jueves, 27 de octubre de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Enrisco y yo
Enrisco:
Después de terminar de escribir esta cosa, me percaté de que me había extendido y decidí ponerla en un post, así que ahí va.
Debo decirte que de pronto tengo la impresión de que pensamos lo mismo acerca de este asunto viajas-no viajas. De hecho, en tu post post-post, en su primer Por Cuanto, está resumido lo que yo también pienso. Nada como haber aprendido a extraer la idea central.
Quiero mencionar, además, que tu post no me incomodó en lo más mínimo, aunque este sea de los temas que me sulfuran en una cuarta de tierra. De hecho, lo califiqué de “más o menos conciliatorio”. Es más, no te incluyo, después de haber leído tu post post-post, en el grupo de los que padecen del Síndrome de la Bailarina Española, a saber:
Harán bien en quitar
La prohibición que lacera;
Porque si vigente estuviera,
No sé, yo no puedo entrar.
La prohibición que lacera;
Porque si vigente estuviera,
No sé, yo no puedo entrar.
Y que me perdone el autor.
Dicho esto, quiero comentar tres aspectos que llamaron mi atención. El primero es que me asombra que pienses que alguien no entendió tu post, el primero. Compadre, si se oía clarito, clarito, inclusive en su cadencia original: “Ta´bien, viajar, claro, pero no sé, que te diría que no dijera otro, en fin, viaja, pero hay que hacer algo”. Y, a velocidad reducida, Koniec.
Vaya, es como decir: “No consuman tanta gasolina, vamos a por el Perpetum Mobile”. Koniec, despacito otra vez.
Es decir, la idea central de la idea central es lo que muy bien expones en el Quinto Por Cuanto de tu post–post-post: más que hacer algo, el meollo es cómo hacerlo. Yo pudiera hacer algo, quizás poner la foto de Zapata Tamayo en mi blog, pero no sería honesto conmigo mismo, por razones sobre las que no me voy a extender. O pudiera poner una bandera cubana con cadenitas. O algo así. Pero estoy abierto a proposiciones.
Mi segunda sorpresa, o más bien la primera, si seguimos un orden cronológico, es, indiscutiblemente, el pitazo implícito en tu primer comentario. Vaya, es que sonó a “¡Tú no saequién soy yo, yo soy Enrihco en labana, paquesepa!”. O en Nueva York, para ser más precisos. Pero inmediatamente deseché la implicación, no creo que esa haya sido tu intención, sobre todo después de leer el Cuarto Por Cuanto de tu post post-post, donde recuerdas que eres un acérrimo crítico de la guapería criolla.
La tercera sorpresa, parte de la segunda por cierto, es que, ante tu grito de ”¡Yo me apunto!”, me quedé sin palabras. Enrisco acaba de dar el paso al frente, me dije boquiabierto (lo dije mentalmente, claro, pues con la boca abierta no se me hubiera entendido la frase), que haré yo ahora, antihéroe, cubano que salió echando, corriendo, de donde sacaré la valentía para ser el segundo en esa lista que yo mismo convoqué, y tomé el teléfono, casi te llamo, pero entonces leí tu segundo comentario. Y mi alma, trémula y sola, dejó de padecer. Y decidí entonces responder a tu amable visita a mi blog.
Y ahora a 33 rpm: a estas alturas debes ya haber entendido que no hay animosidad alguna en mí. Y, aunque respeto las libertades individuales, no te cojas la trompetilla para ti.
Bueno, te sigo leyendo entonces y espero que la nevada te haya sido leve.
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